13 diciembre 2009

Películas recomendadas para niños (en torno a 9-10 años)


A veces, intentar ver una película en familia se convierte en algo difícil ante la inquietante oferta infantil actual. La mayoría de las películas que veo en cartelera para niños son un cúmulo de estupideces que solo intentan inculcar un modelo de juventud centrado en las apariencias, los ligues o el consumismo.

Y esto en películas catalogadas para 7 años, donde, a veces, los chistes abundan en un humor casposo, generalmente alrededor del ligoteo y desde perspectivas bastante machistas. Parece que avanzamos poco.

A base de ir viendo con nuestra hija películas juntos,, he ido recopilando algunas que me parecen especialmente adecuadas, entretenidas y formativas. Tengo la suerte de que a mi hija no le van los rollos tipo Hannah Montana y a veces nos sorprende tragándose con nosotros, (con tal de ver alguna si no hay nada puramente infantil), algún film para adultos (pero apto) que le acaba gustando para nuestra total sorpresa.

Esta es una primera lista que espero ir ampliando, en orden meramente aleatorio



- Cadena de favores

- Kit kittredge: sueños de periodista

- Mr Magorium y su tienda mágica.

- Polar Express.

- En busca de Bobby Fisher

- El libro mágico

- La vida secreta de las abejas

- Dentro del Laberinto

- Descubriendo Nunca Jamás

- Charly y la fábrica de chocolate

- En busca de la felicidad

- La brújula dorada

- La niñera mágica

- Las crónicas de Narnia (1)

- Legend

- Oliver twist (tanto la original de 1948, como la versión reciente de Polanski)

- Regreso al jardín secreto

- Stardust

- La novia cadáver

- Eduardo Manostijeras

- El milagro de Ana Sullivan

- La montaña mágica

- El guerrero número 13 (violenta, pero una buena exaltación del héroe como modelo de conducta)

Viaje a Madeira



La llegada en avión ya no sorprende porque hoy, por culpa de Google Earth, llegamos a los sitos con sus imágenes ya asentadas. Sin embargo nos defrauda igual que al ver sus fotos debido a la colmatada vista de sus laderas excesivamente urbanizadas. Como una Benidorm atlántica, se ha dejado llevar por unan fiebre constructora que a punto está de hacerla perder todo interés.

Sin embargo, bastan unas horas y unos kilómetros para sorprenderse con la variedad de paisajes, de rostros, de historias que se peden disfrutar aquí.

Mantiene ese carácter portugués, discreto pero barroco, que convierte en hermosos los paseos sobre sus aceras adoquinadas, repletas de terrazas con cafés donde un público centro europeo disfruta del monótono y agradable clima de la isla. Creo que en el tiempo que pasamos allí, la temperatura no subió en Funchal de 24 grados de máxima ni bajó de los 20 de mínima: perfecta temperatura que facilita el deambular calmo y el trago largo.

Lo más interesante de la isla para los amantes de la naturaleza es su interior y su costa norte. Nuestro primer paseo, tras levantarnos el primer día tras nuestra llegada, nos llevó al parque de Funchal . Si un parque urbano tiene tal variedad de plantas, tal espectacular exotismo en sus especies, nuestras expectativas respecto a la naturaleza del interior se dispararon.

Y no fueron defraudadas. Se disfruta en el interior de la altura de sus montañas y los paseos entre sus montes y “levadas”. La vegetación llega a ser tan densa y variada que uno solo pude echar de menos un botánico de guardia (y un geólogo) que enriquezcan lo que sientes con un mayor conocimiento.

En Sao Vicente encontramos algunas de las imágenes más hermosas de la isla al estar en fiestas y tener decoradas las calles con unas sorprendentes guirnaldas coloridas que nos hacían envidiar la capacidad para hacer aun más hermoso el hermoso (pero pequeño centro del pueblo) sin necesidad de caer en el tópico de la iluminación artificial y las ristras de banderolas.




Uno de los viajes más agradables que recuerdo tuvo como destino esta sorprendente isla atlántica, volcánica y agreste, verde y turística, portuguesa y cosmopolita.


Aquella noche tocaba allí Mariza. Dudo que el pueblo llegue a los 1000 habitantes, pero los envidié a todos por poder disfrutar gratis de su música esa noche. Aunque las pruebas del espectacular equipo de imagen y sonido daban la sensación de que se la escucharía incluso en su natal Mozambique. Tal era el atronador sonido. ¡Y dos pantallas enormes, para tan poco pueblo! Sorprendente.

Al norte, la antigua carretera, que puedes tomar en pequeños tramos saliéndote de la moderna, provoca sensaciones ambivalentes entre la sorpresa por la cercanía del mar y el acantilado y el miedo a distraerte con la vista de la conducción y acabar, increíblemente, aún más cerca del mar.

En Porto Moniz se disfruta de un complejo de piscinas naturales que es de los lugares más interesantes de la isla para bañarse, especialmente si viajas con niños.

Algo que no se debe dejar de visitar son sus palacios y quintas, con sus hermosos jardines. Aunque el de Palacio do Monte es espectacular tanto en su naturaleza como en su decoración y edificaciones, especialmente en la reconstrucción de elementos japoneses, con templetes y esculturas que te hacen creer que paseas por los jardines de palacio del Trono de Crisantemo, he de decir que mi favorito fue la Quinta do Palheiro.


Esta quinta resucita el espíritu del “manor” inglés, de las mejores mansiones decimonónicas, rodeadas de jardines perfectamente cuidados, repletos de rincones donde tirarte en el césped o un banco y dejar discurrir el tiempo simplemente mirando como las nubes pasan entre las flores que te rodean. Esta quinta, hoy hotel, es sin duda el lugar más agradable no solo para una larga estancia, sino uno de los lugares donde creo que más me gustaría vivir. Al menos, en forma de jubilación gozosa. Y su tea house el sitio ideal donde sentarse a leer y tomar, lentamente, un Oporto .

Pero nosotros estábamos en otro hotel del que tampoco podemos quejarnos. Situado muy céntrico. El Hotel Royal Savoy es un hotel clásico y algo envejecido, a punto de ser derribado, según cuentan, para hacer un 6 estrellas. Complementado por as instalaciones de su “hermano” el Madeira Savoy al que se llega desde el jardín, es un hotel para un público inglés mayoritariamente, con cierto aspecto rancio y conservador, de pamela y estampado ellas y de chaqueta con botonadura dorada ellos. Con exquisita educación, que valoraban especialmente el trato profesional y delicado de unos empleados coetáneos (dada su edad) de estos entrañables ancianos british.

Sin duda, un lugar para volver, donde relajarse en el jardín de una de sus quintas, pasear pos sus parques y disfrutar de sus restaurantes (inolvidables las cenas en Restaurante Dona Amelia, muy cerca del Savoy, o en cualquiera de los del Casco Velho), con una comida sencilla, pero de espléndidos pescados y verduras, honesta y a buen precio, y dejarse inundar por los colores y olores que nos asaltan en sus parques, sus mercados o sus plazas, donde las flores nos rodean permanentemente.

12 diciembre 2009

100 entradas

Esta es la entrada 101 de este blog. Suficiente razón para celebrarlo con brevedad

12 octubre 2009

Vuelve el silencio al Retiro


El sábado, leímos la crónica sobre las obras de Mayte Vieta, Tres y Tom Kotik. Los tres, artistas que optan por el silencio (especialmente sorprendente la descripción del tercero como "artista sonoro que trabaja con el silencio": la verdad es que la música no existiría como sonido modulado sin el silencio que la envuelve.

Pero este arte minoritario tiene poco impacto. Más importante y de mayor repercusión la buena noticia que hoy salta en Madrid: se ha prohibido la percusión en el Retiro. Ya se sabe que "no hay tonto sin bongo". Y todos los tontos de Madrid y alrededores se reunión con su estupidez a cuestas a destrozar los oídos de quienes intentan disfrutar de un parque que antes era sinónimo de sosiego y ahora era monopolizado por quienes no son capaces de apreciar una melodía que no vaya acompañada de una percusión primitiva.

Estos percusionista han creado un blog para defender su presencia y convocar protestas. Ahora invitan a otros músicos de cuerda o viento a que se manifiesten y toquen con ellos, algo que jamás e ha dado en esa zona y que no se dará más allá de esta potencial protesta porque ningún otro instrumento soporta el monopolio invasivo de tanta percusión junta.

Desde este pequeño rincón, gracias Alcalde por librarnos del mal.


28 septiembre 2009

Viaje a Lanzarote

La llegada a Lanzarote abre pocas expectativas: la visión desde el avión es de un paisaje seco y árido, salpicado por pequeñas poblaciones blancas.

Lo espectacular de un paisaje tan salvajemente inhóspito en la mayoría de su territorio se agota en sí mismo. Para quien no es sensible a esa belleza dura del desierto, como es mi caso, la repetición de lava, polvo y cactus no aporta, precisamente relax.

A la aridez del paisaje se suma lo desagradable de su turismo. A pesar de la proclamada opción por el turismo sostenible y respetuoso con el entorno, lo que vimos de forma permanente es una caterva de ingleses en el peor estilo obrerote de Manchester, a voz en grito en los mayoritarios “sport bars” con karaoke. EL jaleo en cualquier zona turística es sorprendente ya que todos los locales cuentan con terrazas o están abiertos al exterior y todos tienen la música o el karaoke altísimo, compitiendo y confundiéndose el ruido de todos ellos a la vez.

La isla, como decía, es mayoritariamente un paisaje de lava y volcanes (en realidad, pequeños montículos, cubiertos de esas especie de herida seca de la tierra que son las coladas de lava: roca áspera y secarral continuo.

Hay lugares donde esta geología alcanza niveles de absoluta belleza, como las paredes del antiguo cono del volcán de El Golfo, pero, mayoritariamente y a mi modo de ver, se convierte en algo repetitivo, monótono.


Los puntos de interés turístico de la isla que se destacan en todas las guías y recomendaciones son 4 o 5: especialmente Los Jameos del Agua, la cueva de los Verdes, el mirador del Rio, la fundación Cesar Manrique o el Jardín de Cactus, aparte de las playas de Papagayo o el ya citado Golfo, con su laguna verde.

EL problema de los primeros citados (de pago) es que concentran las visitas de todos los grupos de turistas convirtiéndose en lugares muy masificados e incómodos. Largas colas para coger las entradas y largas esperas para realizar la visita controlada en grupo.

Yo, que tengo por principio no hacer colas, que creo que nada tan masificado como para requerir una cola puede llamar mi atención, que mi tiempo no puede ser perdido (menos aún en vacaciones) esperando en fila mi turno, opté por largarme de Los Verdes y de Los Jameos al ver las masas y ya no lo intentamos ni en el Mirador ni el Jardín de Cactus.

Especialmente lastimoso es el caso del Mirador del Rio ya que no es más que una oportunidad de disfrutar de las vistas al istmo que separa Lanzarote de La Graciosa. Vistas que se pueden disfrutar desde otros puntos sin la necesidad de contribuir al mitificado diseño manriqueño.


Recomendaciones positivas

Después de tantas cosas negativas, ¿qué podemos destacar y recomendar en esta Isla?

Desde luego, lo mejor es el mar. Poder pasar el día en cualquiera de las excursiones que se programan es una excelente opción.

Desde Puerto Calero, (probablemente el lugar más agradable y cuidado de todos cuantos visitamos en la la isla, con algunos lugares atractivos para comer y un pequeño museo de cetáceos), salen abundantes excursiones marinas, tanto para probar a pescar algún gran pez, (aunque sea como excusa para pasar el día a bordo de un pequeño barco con un patrón charlatán), como para compartir un muy turístico catamarán con una manada de turistas.

En este caso, y frente a la opción de Catlanza, empresa que organiza excursiones en catamarán por el sur de la isla, nos gustó más la excursión que parte del puerto de Orzola realizada por Líneas Romero, al norte de la isla y con visita la isla de Graciosa: es una excursión de casi todo un día en la que visitas los islotes del norte (archipiélago Chinijo), la curiosa isla de Graciosa (la isla de los Land Rover pues prácticamente no hay otro tipo de vehículo en ella que estos clásicos todo terreno, ya con unas décadas sobre sus motores). La isla solo tiene mínimamente asfaltada una pequeña parte alrededor del puerto: el resto es arena y un paisaje que recuerda la cercanía del Magreb.


Parar para darse un chapuzón en las transparentes aguas de la isla es un placer que se completa con la visión de múltiples especies de peces nadando a tu alrededor.

La excursión en Catlanza es parecida, pero más corta, con la tripulación extranjera y menos conocedora de la isla (en la excursión a Graciosa la narración de las guías sobre lo visitado eran una aliciente más del que se carece en Catlanza). Para completar mi peor valoración sobre Catlanza he de decir que aquí no parecen disfrutar del único lugar donde hoy se puede encontrar el silencio casi absoluto; el mar, y nos torturaron con una sesión de merengue y regetón insufrible a todo volumen en parte de la travesía. Por no hablar de la pobre comida incluida en el precio: una pobre pasta insípida cocida, con ketchup. muy triste

Precisamente, respecto a la restauración, nos resultó difícil encontrar lugares realmente interesantes. Los mejores siguen siendo algunos restaurantes a pie de mar y aún no demasiado contaminados por el estilo garrulo-inglés que predomina en las zonas más pobladas.

Restaurantes

El Charcón, en el muelle de Arrieta y El Bogavante en El Golfo fueron los locales donde mejor nos sentimos. A El Bogavante fuimos varias veces a pesar de situarse en el extremo opuesto a nuestro alojamiento, porque cenar tranquilamente al anochecer al lado del mar y con la única visión de una luna espléndida resulta especialmente agradable.

También he de decir que estos dos son los únicos lugares donde nos pareció que seguían haciendo mojo casero en lugar de algunos insufribles mojos de bote que había en otros lugares En cualquier caso, en ambos el ambiente y el mar eran el mejor condimento de una comida que, sin ser excelente, era honrada.

En Costa Teguise nos gustaba Aires da Terra, más impersonal pero destacable especialmente por la amabilidad del camarero, que hacía agradable la comida y por el buen pescado que servían, junto a un pulpo a la brasa también apreciable.

Desde luego, hay que destacar dentro de lo negativo, el hotel. Tuvimos la desgracia de Elegir el Hotel Beatriz Costa Teguise: un hotel cutre a pesar de sus 4 estrellas, con un servicio deleznables, unas instalaciones con la impresión de haber sido buenas en el pleistoceno y esa sensación de turismo masivo en el que el cliente es catalogado antes como potencial ladrón, que como huésped (toallas bajo reserva con tarjeta, minibar cerrado con llave, perchas limitadas y antirrobo…). Por no extendernos sobre la mediapensión vomitiva que, desde luego, fue obviada a partir del segundo día.

Todo lo que se puede esperar de un hotel perteneciente a la cadena de un prohombre toledano proveniente del mundo del transporte y el urbanismo: o sea camionero y luego constructor: admirable como self-made man pro lamentable como proveedor de servicios de calidad para el cliente: su hotel tiene la misma relación con el lujo que un camionero- constructor con el glamour (disculpas si alguien se siente ofendido: hablo, obviamente, de estereotipos). El buen señor se quería tanto que hizo escribir su biografía sobre unos falsos pergaminos (ya sabéis el típico folio quemado en sus bordes para parecer antiguo), en español, inglés y francés o alemán, no recuerdo, y los colgó en un cuadro en la entrada a las piscinas del hotel. Sobran las palabras.

15 agosto 2009

Restaurante Asian Lounge (Alcobendas)


La cercanía de este restaurante nos ha llevado a probarlo un día tontorrón en el que hacer la comida se convierte en una actividad penosa. Fue un buen descubrimiento. He vuelto algunas veces con amigos o incluso solo. Me gusta la comida oriental y los ambientes tranquilos. Este lugar tiene ambas cosas.

Situado en un centro comercial (Diversia, Alcobendas) en el que se diferencia del resto de masificadas franquicias de comida rápida que todos conocemos e imaginamos, el Asian Lounge suele tener una ocupación media o baja (espero que sobreviva) que le da un ambiente tranquilo y facilita un servicio excelente.

La ayuda para elegir los platos del jefe de sala se agradece (al igual que el que sea un hispanohablante que no ns obliga a intentar entendernos con los orientales habitualmente incapaces de aprender un español mínimo)

Los diferentes platos que he probado están suficientemente bien elaborados y, como las raciones son más que generosas, si se pide poco se acaba suficientemente lleno y no sale nada caro.

He probado aquí la tempura de algas (con un sabor y textura que me han encantado, pero con demasiado aceite, los cangrejos fritos (personalmente, me dan un poco de repelús) y varios platos de pasta (arroz, noodles, tallarines,, en general correctos aunque a veces con exceso de salsas.

En el caso del sushi, no me parece que sea el mejor que he probado (sigo echando de menos el precio y la calidad del antiguo cocinero del Bonsai, en San Sebastián de los Reyes) pero se puede comer. Me gustó especialmente el plato de noodles con langostinos, aunque, de nuevo, el exceso de salsa lo malograba.

En definitiva, un ligar agradable, de precio justo, servicio amable y comida honrada, en algunos puntos mejorables pero en general válida para disfrutar a gusto de un rato que puede terminar siendo especialmente "lúcido" si eres capaz de pedir y terminarte un copazo de licor; al copa balón es de tamaño de balón medicinal y requiere una larga sobremesa o, en su defecto, pasar la siesta en los cines cercanos hasta que sus efectos se desvanezcan :-)

17 julio 2009

Teruel: Rubielos de Mora


Una provincia por la que no había ni siquiera pasado y estaba en el debe de mis viajes peninsulares era Teruel.

Esta Semana Santa de 2009 pagué mi deuda con la provincia y visité Rubielso de Mora y sus alrededores en 4 sorprendentes días.

La zona no defraudó las expectativas que nuestros anfitriones habían levantado. Sorprende encontrarse una zona tan poco habitada y con una sensación tan patente de abandono.

Esta sensación comenzó ya antes: en Molina de Aragón, donde hicimos una pequeña escala, y no se rompió en tod el viaje a pesar de las mil inversiones del “Plan E”, omnipresente allá por donde pasásemos. Daba la impresión de un tiempo detenido hace décadas. Decidme sino, al ver estas fotos, si no basta solo con envejecerles el color para ver una estampa de fin de la guerra civil, sin ningún resto de los avances de los últimos años:




Sin duda, este aspecto “diferencial” debe de ser muy atractivo para un tipo de turismo apartado de las masas como el que a nosotros nos gusta especialmente. Pero seguro que a los habitantes le hace bastante poca gracia.

Rubielos conjuga de forma excepcional el abandono de la zona con la presencia de algunas edificaciones espectaculares y bien conservadas. Se nota que estos pueblos son origen de familias hidalgas cuyas nuevas generaciones siguen cuidando el valor inmobiliario de algunas de esas posesiones. Pero no siempre con acierto: algunas han sido reconvertidas en apartamentos, como el claustro de la foto.


Así, junto a casuchas apenas de paja y barro se pueden admirar casonas de piedra, auténticos palacios casi siempre inaccesibles, por privados, pero cuyos portales permiten intuir la riqueza atesorado por el tiempo sobre las familias y las piedras.

Otra muestra de aquella sensación de abandono es la escasa oferta hostelera de la zona. Para alojarnos, elegimos una casa de turismo rural, a pesar de nuestro poco apego a este tipo de Turismo. La casa es Los Toranes. Cumplía con lo necesario y un poco más y era de agradecer la tranquilidad absoluta que se respiraba. Sin ser el tipo de alojamiento que más me agrada, es recomendable para quienes se apuntan e a ese turismo.

Si alojarse no era fácil, comer era casi imposible. La oferta de restaurantes era muy limitada, y situada en los dos extremos, o bares vulgares para apenas tomar una tapa, o restaurantes con ínfulas cuya compleja carta y escandalosos precios no invitaban a entrar, En este sentido, no se puede decir que el viaje fuera muy aprovechado.

Pero se compensaba con la tranquilidad del entorno, la belleza de un paisaje desprovisto casi de estropicios causados por la masificación humana.

Incluso era más habitual sentir que era la naturaleza la que estaba cobrándose una deuda y reconquistando lugares que, una vez abandonados por el hombre, reclamaba de nuevo como propios, descubriéndose loas diferentes fases de esa conquista: las piedras caídas de algunas casas, la maleza que ya cubría otras o los restos, apenas unas piedras sueltas, de una antigua edificación que ya solo se vislumbraban entre ramas y hierbajos.

Luego, llegó de nuevo la venganza del hombre y, este verano, le plantó fuego a la provincia.

03 julio 2009

Vuelvo

Prometo que vuelvo. Con más viajes, más libros más música y algún comentario. Hace tiempo (mucho) que no escribo, pero, una vez superados los tres meses de vida activa que dicen dura cada blog, es hora de no dejarme vencer por la apatía. ¡A por el verano y más allá!

20 abril 2008

Las alas de la vida

A veces encuentras una vida plena muy cerca del fin de la vida. A veces un moribundo es la mejor ayuda para vivir. A veces llegas derrotado al fin de semana y el fin de semana comienza con la exquisita proyección de un documental agónico que contagia la ganas de vivir de quien no vivirá mucho.

A veces la vida es muy poco. Por suerte a veces es suficiente.

Hoy, después de la empatía absoluta con Carlos Cristo, protagonista de "Las alas de la vida", la vida te recompensa con la simple noticia de que Carlos sigue vivo. Y eso es ya más de lo que hoy esperaba de la vida.

Gracias, Carlos Cristo.
Gracias, Carlos Boyero.

12 abril 2008

Un viaje por Liébana: Fuente Dé y Potes

Empezaba a terminar este extraño invierno, cálido y seco y decidimos aprovechar las vacaciones de Pascua para buscar un lugar donde volver a sentir la sensación de frío invernal: nos vamos a Picos de Europa.

Con nuestra querencia habitual por Paradores, elegimos Fuente Dé. Malhadada elección, como he comentado en una entrada anterior: este Parador no es la mejor elección en la zona. Pero mejor, hablemos de las cosas que sí se pueden disfrutar en un viaje por la comarca.

Ante todo, el viaje en sí es el primer placer: llegamos por carretera desde Cervera, cruzando el puerto de Piedrasluengas. El recorrido desde el puerto hasta el valle es espectacular. Escuchar al fondo la serie de Heidi que nuestra hija ve en un dvd (después de varias horas en el coche no es posible pedirle que disfrute más del entorno que de la pantalla), nos hace pensar que el lugar no desmerece de esas prototípicas montañas alpinas. Lugares solitarios, de un verde esplendoroso, una tranquilidad infinita y una belleza sosegada y paciente.

Llegamos al final de la carretra a Potes y todo cambia. Potes es un lugar demencial. Centro turístico de la zona, colapsado de coches y autobues, de domingueros y turistas, de bocinas y berreadores, a pesar de su "historicidad" y su belleza de exin-castillos, solo invita a huir.

Y eso hacemos. Nos largamos y seguimos carretera hasta el Parador, reteniendo en nuestra cansada retina los lugares donde más tarde volveremos. Y, sin duda, un par de ellos se quedan marcados y serán punto reiterativo de disfrute los días que aquí pasemos: Cosgaya y Mogroviejo.

En Cosgaya, un pequeño pueblo que bordea la carretera, con monocultivo hostelero (solo hay hoteles y restaurantes), se encuentran algunos de los mejores locales del área. Destaca el famoso Hotel del Oso, que atrae a los viajeros como insectos atrapados en su colorido jardín, merito no pequeño en un lugar donde la umbría y el frío no parecen facilitar tal concentración de colores.

En Mogrovejo, una espectacular casona y torre, medio abandonada, se alza sobre una cuadra repleta de estiércol. Curioso contraste entre el hedor y la belleza, solo puede dejar al visitante extasiado ante la espectacular vista de las montañas y el valle que desde aquí se tiene, pensando en un futuro perfecto compuesto de una mezcla de vida contemplativa desde el hermoso torreón y la eterna compañía de la vista que el pequeño cementerio parroquial regala a sus deudos.


Por lo demás. hay que decir que la zona es tan hermosa que atrae a suficiente gente como para dejar de serlo. Si uno busca el silencio y la tranquilidad, desde luego aquí no lo encontrará en época alta, pero sí el resto dle año en forma casi absoluta. Aún así, simplemente saliéndose unos metro de cualquier carretrera frecuentada, uno se encuentra con lugares dee belleza y ta¡ranquilidad absolutas,m donde lña soledad invita a qedarse y la tranquilidad se convierte en nostalgia.,

De los lugares que las guías turísticas señalan, es curioso comprobar como son diametralmente opuestos a lo que buscamos:
Liébana y su monasterio no despiertan nuestro interés. Lo más curioso del monasterio hoy es encontrarse en su pétreo y medieval claustro, la existencia de cuatro pantallas de tv de plasma en cada na de las esquinas. No entiendo el motivo, pero tampoco me paro a preguintarlo.. No me interesa nada el lugar rodeado de parkings y tiendas de recierdos y salimos recorrer as ermitas de lso alrededores, ejercicio que ruiqere un mínimo esfuerzo de caminante y, por lo tanto, ningiuno de los centeneraes de turistras que llegan en cocherealiza, permitiendo alejarse un poco de la marabunta peeregrina.

Sin embargo, apenas aparece reseñada la iglesia mozárabe de Santa María de Lebeña, un lugar lleno de la belleza de lo pequeño, del detalle cuidado, de una perfección natural, de la ausencia de artificio, a pesar de su falsa torre (construida a finales del XIX). Se encuentra perfectamente acompañada por un hermoso cementerio y su visita "guiada" por una curiosa señora, absolutamente enamorada d ela iglesia y del pueblo, que cuenta más anécdotas que historia de la comarca y de la iglesia y que acaba contagiando a su muy escasa audiencia su casi infantil e ingenuo entusiasmo.

Por último, muy cerca de esta iglesia, un extraño edificio, un paralepípedo perfecto recubierto de madera, contiene el Centro de Interpretación de los Picos de Europa. A pesar de que parece un centro industrial, su visita es sorprendentemente agradable, amena e interesante. Pero lo más destacado acaba siendo el edificio en sí, con algunos componentes casi zen (un jardín de piedra con olivo, inaccesible entre los muros de cristal), dado que el esfuerzo didáctico realizado para hacer ameno el conocimiento del medio, no deja de hacernos pensar que, lo realmente interesante sería conocerlo de verdad paseando entre las montañas, en lugar de hacer una especie de simulacro intensivo y multimedia para viajeros breves y turistas que buscan una pátina de ecología.

10 abril 2008

El Cenador del Capitán. Potes


Si bien Potes es un lugar donde el exceso de visitantes puede invitar a la huida, a veces es posible encontrar una conjunción de momento, ánimo, lugar que lleva a disfrutar de un momento perfecto.

Nos pasó en El Cenador del Capitán. Buscábamos algún lugar donde comer y nos encontramos al azar con este restaurante. Pensamos que el hecho de tener que subir varios pisos por las escaleras que llevan al "sobrado" donde se encuentra, desanimaría a quienes no se hubiesen desanimado por unos precios bastante contenidos, pero superiores a las hamburgueserías y baretos de la plaza, seguramente más acordes con el conjunto de domingueros que ese día había en el lugar.
No nos equivocamos y pudimos disfrutar de una comida casi solitaria, una atención excelente y una calidad decente, que es lo máximo esperable hoy de cualquier local que vive suponemos, básicamente de quienes caen esporádicamente en sus vacaciones por aquí, y, sin embargo, no parece abusar de tal circunstancia.

El local es agradable. La cocina, prácticamente a la vista de los comensales, garantiza un cierto respecto por la higiene. Los precios, honestos y las raciones excesivamente abundantes, daban razón de que nos encontrábamos en ese norte donde la comida es una religión que lleva en sí el pecado y la penitencia.

Al final, el buen servicio se ve acompañado por una agradable sobremesa en la que la vista se relaja sobre los tejados del pueblo y las montañas a lo lejos, envueltos en el excesivo rusticismo del local que, sin embargo, se perdona ante la atención de los dueños y la suficiente calidad de la comida acompañada por una corta pero digna.

23 marzo 2008

Algunos cementerios bellos

Un viejo amigo acostumbraba a visitar siempre las plazas de abastos de las ciudades por las que pasaba. Decía que era la mejor y más rápida forma de conocer a las gentes de un lugar.

Yo tengo otra costumbre diferente, probablemente producto de una cierta misantropía: prefiero ver los cementerios. Especialmente algunos pequeños cementerios de pueblecitos pequeños, ya casi abandonados. Lugares donde todavía los muertos son más que los vivos (dicen que en la actualidad, por primera vez en la historia, la humanidad viva es más numerosa que el conjunto de muertos que llevamos a nuestras espalda).

Algunos de esos cementerios, donde casi da envidia no quedarse permanentemente, son los siguientes:

En Nerín, una pequeña aldea del municipio de Fanlo, en los Pirineos, se encuentra esta pequeña maravilla que se adina ya tras una rústica puerta.


En Vila do Conde (Portugal), me encontré este abigarrado cementerio, unido al paso del tiempo también por la vecindad de un impresionante acueducto del siglo XVIII.
Y estos días en Picos de Europa he visto dos maravillosos ejemplos más. En Santa María de Lebeña, un recién florido y colorido cementerio.
Y, apenas a unos pocos kilómetros, el cementerio de Mogrovejo, asomado a las espectaculares vistas de los Picos de Europa
Por último, el que ya he citado en otro lugar de Santa Cecilia de Vallespinoso de Aguilar, donde destaca una solitaria cruz. Mientras el resto de tumbas se encuentran apiñadas a la entrada del pequeño cementerio, al final de éste, solitaria pero disfrutando ella sola del tibio sol del invierno, se encuentra una pequeña cruz:

20 marzo 2008

Fuente Dé y Cervera de Pisuerga: los peores Paradores

Lo mejor de los viajes es el viaje en sí (disfrutar del camino y sus sorpresas) y, al final de él, encontrar un lugar agradable donde poder repetir esos pequeños y cotidianos hábitos placenteros que el tiempo ayuda a reconocer.

Uno de esos hábitos es poder disfrutar de una copa de vino (o una cerveza, no nos caigamos en el pecado de “horterez” de quienes aparentan ser entendidos y no dejan de ser los palurdos haciendo gestos impostados de “sommellier” de curso por correspondencia).

Tomarse esa copa ante un gran ventanal con vistas a una montaña, mientras no suena ninguna música ambiente o solamente aquella que uno ha elegido y mientras disfrutas de una agradable lectura, puede ser el mejor momento de cualquier viaje.

Hasta ahora, una garantía de encontrar esos momentos era visitar algún Parador. Pero últimamente, parece que o bien su calidad decae o bien mis elecciones han sido plenamente fallidas. Por eso no puedo dejar de decir que mis dos últimas visitas a Paradores me han permitido conocer los dos peores de los hasta ahora probados.


Parador de Cervera de Pisuerga:
Un edificio feo sin paliativos, situado en un entorno espectacular, sólo puede ser preludio de un cúmulo de desastres. Nada más entrar al parador, la columna central del hall, está decorada con copias de las primeras páginas de los diarios locales del día de inauguración del Parador: todo un acontecimiento en la zona. Desde entonces poco ha cambiado y todo ha envejecido. Los muebles y el personal parecen los mismos pero empeorados por el peso incómodo de los años.

A la fealdad arquitectónica se suma un servicio en la cafetería y restaurante, limitado en número y capacidad. Tampoco es que sea muy necesario pues la cafetería, por ejemplo, cuenta con unas sillas que deben de ser producto residual de alguna muestra sobre la tortura. Imposible estar en ellas más de 10 minutos. A cambio puedes acudir al salón, con unos sofás que quizás fueran cómodos cuando se inauguró el Parador.

Carta limitada en el restaurante, crujido permanente de maderas que impiden el descanso, insonorización nula y esa maldita manía de obligarnos a pagar un precio excesivo por un desayuno innecesario (acostumbro a tomar un café y nada más, así que no me interesa la oferta de un buffet libre: quiero mi café y no quiero pagar por él 14€. Pero no te dan opción: la cafetería la cierran con mentalidad cutre-empresarial para que no tengas opción a tomar un café sin más) .

Parador de Fuente Dé:

De la misma época y el mismo estilo castellano rancio es el parador de Fuente Dé. En este parador la cafetería es igual de incómoda y el edificio igual de feo. La insonorización igual de nula y el buffet “libre” igual de “obligatorio”. También, al igual que en Cervera o que en el Parador de Almagro, la madera del suelo cruje inmisericorde bajo el más liviano paso de los huéspedes, haciendo difícil el descanso e imposible el silencio. Si a ellos le sumas que es fácil que el agua caliente falle y te tengas que duchar en frío varios días seguidos la experiencia se convierte en aterradora.

Pero solo has de pasar frío en la ducha. En el resto del edificio, a pasar de estar en la montaña, y de ser invierno, el calor es insoportable y te obliga a estar en mangas de camisa como mucho: un derroche energético que ayuda a explicar porque en este final de inverno Picos de Europa carece de nieve. Eso sí, luego “venden” su gestión ambiental y ecológica. Pura hipocresía o ignorancia.

Por tanto, insonorización nula, fealdad, incomodidad del bar y una carta corta y limitada son las más claras muestras de la baja de calidad de estos dos paradores con una relación calidad-precio muy baja y que sólo bajo alguna oferta o promoción especial pueden ser considerados como alojamiento en unos días de descanso.

11 marzo 2008

Indecisión gallega

Dicen que los gallegos son indecisos, que no se sabe si suben o bajan, si van o si vienen... que no saben / no contestan...

Pero... la verdad... la Dirección General de Tráfico, o la Diputación o el Ayuntamiento responsable de este cartel "indicador"encontrado en el pueblo de Cabeanca (Ourense) no contribuye mucho a cambiar las cosas: ahora no se sabe si suben, si bajan; si van o si vienen y, sobre todo, si girar a la derecha o a la izquierda...

Pero, si bien está claro que la indecisión puede ser un problema, al menos la buena educación está garantizada, como se puede comprobar en este otro cartel encontrado en un bar de Ourense:


Pues nada, está usted disculpado, estimado difunto.

24 febrero 2008

Corto viaje por el Románico Palentino

El viaje a través del románico palentino y la ruta de los pantanos ha coincidido, como hace un año en Pirineos, con un periodo de sequía que altera las expectativas y los planes sobre lo que se desea ver. Si hace un año en el Pirineo de Lérida no había nieve a pesar de haber avanzado ya noviembre, este año, en pleno invierno, la ruta de los pantanos mostraba un desolador aspecto de secarral y la ausencia de nieve deslucía un tanto las montañas que uno esperaba ver reflejadas en las aguas de los semisecos pantanos.

Lo bueno fue que el tiempo permitía disfrutar, a pesar del frío, de las excursiones buscando esos remotos, austeros y solitarios monumentos románicos que, aprovechando además la visita fuera de temporada, mostraban un aspecto mucho más cercano a su habitual soledad que en medio de esas jaurías de domingueros o estivales visitantes.

Encontramos pues algunos lugares que, no por esperados, han sido menos sorprendentes. Si Aguilar, Moarves de Ojeda o San Salvador de Cantamuda, cumplieron de sobra las expectativas, la sorpresa del viaje, esa guinda por la que piensas que ha merecido la pena, fue la iglesia de Santa Cecilia en Vallespinoso de Aguilar. No la busquéis en Google: el hecho de que no aparezca en la biblia de hoy dice mucho lo sorpresivo de su aparición.

Encaramada sobre una roca, con una portada a la que se accede tras pasar bajo un arco ya ligeramente apuntado, y que dispone de una escultura algo tosca pero realmente evocadora. Un dragón alodo ntentando devorar a un soldado con cota de mallas que se proteje con su escudo, un San pedro de enorme cabeza, monstruos y personajes de la iglesia se distinguen aún en los fantásticos capiteles que, lamentablemente, muestran deasiadas dentelladas del tiempo.

Más sugerente aún, la vista a los pies de la capilla de un pequeño cementerio. Solitaria en él destaca una única cruz, aún con flores a sus pies. La soledad de esa cruz en el cementerio y la soledad del cementerio entre los campos de esta castilla fría, son toda una metáfora de la austeridad y dureza de esta tierra. Seguro que Machado amaría este lugar.

Nos dieron su pista en el Monasterio de Santa María la Real. Este lugar también merece la pena. Si bien está muy restaurado, tanto el claustro como la iglesia son dignos de una pausada visita. Estuvimos dando vueltas incluso por las zonas más renovadas (donde tiene su sede el instituto) y en todas las esquinas podía surgir, apenas visible e ocasiones destacado en otras, cualquier resto del antiguo monasterio.
Lo sorprendente del lugar es que han preparado un documental multimedia sobre el románico que se proyecta en la propia iglesia. Entre el juego de imágenes, luces y sonido, la iglesia adquiere una presencia casi fantasmal, y logra en el sorprendido visitante un efecto parecido al que debía pretender toda la imaginería románica en el hombre medieval. La iglesia, además, bajo el juego de luces daba una imagen colorista e inesperada que pudimos disfrutar a solas (ya he comentado que estábamos fuera de temporada y, aunque era domingo, los escasos visitantes parecían no animarse a pagar el coste de la entrada.

No pudimos destacar en este viaje ningún referente gastronómico. Ni la Posada del monasterio de Santa María la Real ni el Parador de Cervera (probablemente los lugares más recomendados de la zona) me parecieron destacar por su calidad. La comida en la Posada me pareció pretenciosa. Las abundantes salsas tapaban cualquier sabor original del producto, el servicio atento pero manifiestamente mejorable. Al menos el lugar era agradable y tranquilo. Probablemente, como alojamiento sea incluso mejor que como restaurante. Sin embargo, las dos veces que hemos intentado ir estaba completo.

En el parador de Cervera, un lugar feo exteriormente y abigarrado, envejecido y triste interiormente, la comida no era mejor: una carta limitada y una elaboración casi vulgar se combinaba con un servicio atento (como es habitual) pero poco ágil (por debajo del estándar de Paradores).

Apenas hubo tiempo para disfrutar de la esplendida naturaleza de la zona. Una rápida excursión por las Tuerces y unos paseos por el embalse de Ruesga fueron apenas lo único que la naturaleza aportó en este viaje. Bien está acostumbrarse a no contar con ella ahora que su futuro es escaso.

22 febrero 2008

Restaurante Doña (Madrid)

Un restaurante cuya visita se ha convertido ya en hábito ha sido Doña. Situado en Zurbano 49, se trata de un local especializado en arroces pero del que destacaré más que su comida, su ambiente. Es un lugar especialmente tranquilo y agradable, discreto y sencillo, honesto y en que se puede disfrutar de una comida bien elaborada (aunque sin alharacas) y de un servicio eficaz, atento y profesional.
La música, muy baja, nunca molesta. Mantienen un ambiente siempre estable, a lo que colabora la casi ausencia de luz natural (dispone de unas pequeñas ventanas pero casi siempre con las cortinas echadas y la calle tampoco permite la entrada de mucha luminosidad). Así que siempre generan un similar ambiente, sea noche o día: cálido y acogedor producto de los tonos de la decoración. No es para nada uno de esos locales de diseño. Ni la típica casa de comidas española. Más bien se trata de un pequeño restaurante burgués, en el que casi siempre encontrarás una mesa, a excepción de los días laborables donde se llena con los profesionales de la zona que acuden a tomar su menú.

Cuenta con la ventaja añadida de sus comedidos precios y unas raciones más que generosas (el arroz para dos es suficiente, especialmente si se ha tomado primero) para tres o cuatro.

Disfrutar luego de un café y una sobremesa en la tranquilidad de este discreto local es la forma mejor de conciliarse con el mundo.

Pero si recorres al terminar unos metros y, ya en el paseo de Eduardo Dato, te acercas a las muy antirrevolucionarias (en todos los sentidos) cafeterías "Richelieu" o "Mazarino", situadas casi colindantes, podrás disfrutar de la atención de camareros "como los de antes" con un servicio perfecto, los mejores licores y la tranquilidad que los burgueses de la zona (no hay más que ver los aspectos de los parroquianos y los precios de las consumiciones) disfrutan sin saber que, de vez en cuando, algunos individuos seguramente para ellos poco recomendables, nos colamos en medio de su muy reaccionario way of life.

18 febrero 2008

Bar O Bacelo (Ourense)

Un lugar agradable y tranquilo, aunque lamentablemente de horario bastante limitado, es este pequeño bar especializado en ofrecer un amplio abanico de vinos aunque demasiado centrado en los vinos de la tierra (ribeiros y albariños y menor presencia del resto de denominaciones).

Se encuentra en la calle Cisneros de Ourense, casi frente a la puerta Sur de la Catedral.

Además de los vinos, un pequeño surtido de tapas y,, sobre todo, la tranquilidad de una música suave, un entorno agradable y un acalma para disfrutar.

Si pasáis por Ourense, un sitio recomendable.

20 enero 2008

!qué hermoso es el pasado y qué breve el presente!

07 enero 2008

Turismo de Silencio

Recientemente he visto una oferta que asocia silencio y vacaciones. Un par de libros recomiendan hoteles para disfrutar del silencio. Una serie de hoteles con los consabidos spa (parece que no es posible relajarse si no es mojado) que ofrecen un entorno de tranquilidad y silencio como atractivo especial. Son dos publicaciones de Salvat: Turismo del silencio: Balnearios y spa, y Turismo del silencio: Hoteles.

Parece que el exceso de ruido va trayendo consigo la oferta complementaria de silencio, ya ahora como oferta de mercado: la paz y el sosiego de convierten, como bien escaso, en un reclamo importante de consumo.

Ya he dicho en otras ocasiones que el verdadero lujo actual es el silencio. Y la posibilidad de elegir un entorno silencioso la verdadera muestra de la capacidad económica de las peersonas: hoy solo los muy ricos pueden elegir el lujo del silencio siempre y cualquier momento que lo deseen.

Para los demás, empieza a haber una oferta que, por otro lado, nos muestra la amarga realidad de que ni siquiera un deseo en apariencia tan sencillo y austero como un entorno de silencio escapa al mercantilismo de esta sociedad, en al que todo lo deseado tiene un precio.

En todo caso, estoy deseando comprobar la calidad de estas guías y rec

15 diciembre 2007

Razones a favor de la pirateria. ¡SGAE NO!

Hace pocos días, Carlos Boyero en su columna de El País, denunciaba algo que, de tan evidente, resulta extraño que no sea más común como argumento: ¿cómo es posible que los compradores legales de DVD sean atracados por la SGAE y el ministerio, para robarnos nuestro tiempo obligándonos a ver (sin posibilidad de avance rápido) los anuncios que denuncian la piratería? ¡Y nos obligan a verlo cada vez que queremos iniciar de nuevo el dvd! ¿Qué les hace suponer que nuestro tiempo es menos valioso que su producto, generalmente pésimo?

Curiosamente hay una forma de evitar esta tortura, este atraco: hacer lo que nos dicen que no hagamos: nos compramos el disco pirata o lo descargamos de Internet y ya no tenemos que escuchar el maldito mensaje. Es decir, castigan en los buenos el comportamiento de los malos, que así encuentran más razones ara cometer tamaño delito. Supongo que intentan hacernos cómplices de su mensaje: Algo así como un no debes hacer lo que no has hecho pero, como no tengo forma de decírselo a quien sí lo hace, díselo tú.

En resumen estos malditos anuncios y mensajes moralistas /corporativos de la SGAE, son una razón más a favor del pirateo.

Pero, desde luego, hay muchas más. Aquí van algunas, pero podéis incluir todas las que se os ocurran:

- Hay música y cine suficiente como para escuchar el resto de nuestra vida sin necesidad de que nadie cree ninguna nueva película estúpida o música machacona. Por tanto la industria del entretenimiento, por mí, puede hundirse e irse a la mierda para siempre. (bueno, la mayoría ya está en la mierda: no hay más que ver los productos que lanza). Así que, gritemos, ¡ya no necesito más! A ver si dejan de salir triunfitos a precio de genio de la música.

- Vayas a donde vayas (tiendas, centros comerciales, bares, restaurantes, incluso en la calle, ¡¡¡incluso ya en algunas iglesias!!!), tendrás que soportar un molesto hilo musical aunque no quieras. Si tengo que oir música cuando no quiero y gratis, ¿porque he de pagar por la misma música cuando quiero oírla? Al menos que la sgae me indemnice cuando me obligan a escuchar música que no quiero oír

- Ahora quieren cobrarnos un canon digital por cada cd, reproductor o incluso teléfono móvil que compremos. Aunque no lo usemos para música, cine ni ninguna actividad relacionada con autores y creadores Si ellos cobran aunque no les corresponda, ¿con qué ejemplo he de pagar yo cuando me correspondería?. Increíblemente, hoy leo que hasta el "líder" de la oposición, el muy prescindible Rajoy, candidato conservador al gobierno y defensor de cuanto interés especulativo, corporativo o empresarial exista, está en contra. Algo avanzamos.

- Los precios de dvd cds etc son sin duda excesivos y muy por encima no solo del valor de producción, sino del simple valor de lo que ofrecen. Además este precio es prácticamente igual, sea cual sea el valor del artista, sus ventas o sus derechos, lo que denota un cierto comportamiento oligopólico. Cuesta lo mismo uno de Shakira que uno de Circo Luso: y está claro que no todos provocan los mismos gastos de marketing, merchandising y campañas. ¿Porque tengo que pagar lo mismo (mucho) por cosas que no son lo mismo?

- La mayoría de los artistas ganan mucho dinero en otras actividades paralelas a su música. Venden relojes, coches, conciertos. Están pagados y subvencionados por cientos de compañías que los utilizan como reclamo. En estos caos, deberían de ser ellos los que nos pagasen.


Seguro que se te ocurren un montón de razones más. No te cortes en dárnoslas.