08 diciembre 2006

El lujo del silencio

Que el silencio es el único verdadero lujo se puede comprobar en el hecho de que es el único bien prácticamente inaccesible salvo para auténticas fortunas.

Los demás, las masas, seguiremos siendo vulnerables al permanente ruido de los infinitos estúpidos que nos rodean.

Poesía: David Leo Garcia



Viandante, póstrate ante tus monarcas,
quédate celebrándoles su fallos
mientras que la mediocridad diluvia.

Nadie ha ungido con brea nuestras arcas.
Para este alud no armaron pararrayos.
Ningún portal guarece de esta lluvia



Las dos últimas estrofas de uno de los poemas de David Leo García bastan para hacernos una idea de la atractiva poesía de este joven que con 19 aprovechados años ha ganado ya el Hiperión de poesía.

Su libro Urbi et Orbi, aún reconociéndome poco lector de poesía (Valente, Ángel González y poco más), me ha encantado.

La difícil búsqueda del libro (no se puede decir que sea un best seller y la poesía no es el estilo que más cuidan las librerías: obviamente por culpa de los lectores. O de su ausencia) ha merecido la pena.

Ahora que ya está en mis manos, leo de nuevo:

Llegó el hastío, no llegó el asombro,
Llegó el dolor, no regaló impurezas.
Muere la turba. No desprende escombro.

03 diciembre 2006

Son d'Aneu. Más románico en el Pirineo

Del último viaje por Pirineos quería destacar un pueblo fuera de las rutas más comunes y, sin embargo, meritorio como punto destacable del románico de la zona.



Son d’Aneu es, al parecer, el pueblo habitado a mayor altitud en estos valles pirenaicos, según indican unas guías que no voy a poner en duda.

Se llega a él cogiendo una desviación a la derecha según se baja de la Bonaigua a Esterri d’Aneu, poco antes de llegar a éste último. La pequeña y estrecha carretera sube al borde de un precipicio que se hace especialmente cercano y probable cuando nos encontramos de frente con un gran camión de ganado. Supongo que conocedor de la zona y confiado, apenas frena ante nuestra presencia e, increíblemente, tras haberme echado lo más al borde que considero posible, pasa sin siquiera rozarnos, a pesar de que desde el retrovisor veo que apenas cabría un dedo entre nuestras carrocerías.

Unos centenares de metros después, y esperando no encontrarnos con algún autocar de excursionistas en la misma carretera, damos ya con el pueblo. Es muy pequeño (dicen que 25 habitantes), aunque también hasta aquí han llegado los andamios y las grúas.

Destaca la Iglesia, encerrada tras un muro de función defensiva y precedida por un pequeñísimo terreno. Da la sensación de una fortaleza a escala, donde el campanario hace la función de torre vigía separado del cuerpo principal de la iglesia. En el lado opuesto al campanario y defendiendo la entrada una torre hoy “del reloj” ayer, lugar de convocatoria de los habitantes para rogar ante inclemencias del tiempo y, mucho antes, defensa frente al enemigo (este valle fue el último, al parecer, en mantener la independencia del Cataluña).

La iglesia, claramente de origen románico, dispone en su interior de un retablo gótico y unos frescos del XVI ó XVII en proceso de restauración. Un paisano ya mayor nos comienza a contar en catalán la historia del monumento. Al darse cuenta de que no le entendemos pasa al castellano y nos sigue contando la historia. Lo más interesante: la pila bautismal románica con relieves toscos geométricos y un esquemático asno. Pensar en un bautizo por inmersión en esta fría piedra de este frío pueblo de los nevados Pirineos da temblores. Y hace pensar que el despoblamiento de la zona tendrá en parte que ver con todos los críos que no sobrevivieron a tan temerario bautismo.



También destaca un depósito pétreo con forma de arca y decorado con leones, con dos compartimentos para el agua y el aceite que debían conservarse en la iglesia para las ceremonias y para iluminación.

Frente a la iglesia, un refugio de montañeros permite ver algunas fotos con imágenes de un entorno nevado, agreste y solitario, ante una cerveza del tiempo. Muy fría.

Restaurante En Bandeja

El restaurante En Bandeja es uno de mis favoritos. Por la comida y, sobretodo, por su decoración y ambiente.

Se encuentra en un lugar remoto y poco atrayente: un polígono industrial de Alcobendas. Sin embargo, el esfuerzo de localizarlo merece la pena. Si durante la semana suele estar casi lleno con la gente proveniente de las empresas de la zona, en fin de semana (sábado) es difícil que llegue a estar a media ocupación. Al menos, así lo recuerdo en las veces en que hemos ido.



Por la noche, algunos viernes y sábados, hay actuaciones de música en vivo. En mi caso, hemos coincidido con algunas actuaciones de jazz, realmente prescindibles pero al menos no molestas (volumen adecuado, música que acompaña la cena sin impedir una conversación que puede seguir, pues la interpretación no suele ser precisamente algo que te absorba).

El resto de los días suele haber música de fondo pero, a diferencia de muchos locales donde cada vez la música es más protagonista y la comida menos, consiguen mantener el volumen a raya y la selección no suele defraudar. Tendencia jazzie o pop suave.

La comida destaca por su presentación, por la calidad y por tender más a lo sano que a lo contundente aunque con raciones más que suficientes. Abunda la condimentación con hierbas y los toques ligeramente orientales, aunque la carta cambia a menudo.

Los postres son excpcionales, de los mejores que he probado (a pesar de que el dulce no me apasiona).

Tras la comida, si has tenido suerte y estás cerca del gran ventanal con vistas al jardín interior, las vistas a la vegetación de un lado y a la variada decoración del local, por otro, permiten disfrutar con calma y una copa, de una agradable conversación.

Por último, el restaurante tiene otra característcia diferencial: también es una tienda donde puedes comprar lo que ves; tanto la cubertería como las mesas y las sillas donde has comido, el perchero o los sofás... En la trastienda, la venta se completa con otros objetos y ropas variados y casi inclasificables. En resumen, en lugar que aún no me ha defraudado, ni en ambiente ni en comida.

Hostelería masturbatoria

Ya lo he dicho varias veces. A pesar de la buena fama de Madrid como lugar de marcha y ocio, lo cierto es que sus bares son cada vez más asquerosos, ruidosos, sucios, mal atendidos y desagradables. Hasta el punto de que cada vez opto más por una hostelería masturbatoria, es decir, basada en el autoconsumo en el hogar.

Una de las costumbres más extendidas y lamentables es la manía de no disponer de posavasos o, en su ausencia, de una toallita donde eliminar el exceso desbordante de espuma de cerveza que, por alguna incomprensible razón, todo camarero/a estúpido/a cree que, obligatoriamente, debe pringar nuestra camisa. Quizás sea un arrebato místico, una especie de comunicón laica con el bar, pero, como otras comuniones, me genera un irreprimible deseo de no volver nunca más tras escupírsele al oficiante.

Y, como también he dicho más veces, la única excepción garantizada son los hoteles de 4 ó 5 estrellas, último reducto de locales con garantías de servicio y limpieza.

Lugares para vivir

Solo merece la pena vivir en lugares donde el número de muertos de su historia supera al número de vivos actuales

25 noviembre 2006

Lectura: Heike monogatari

"En el sonido de la campana del monasterio de Gion resuena la caducidad de todas las cosas. En el color siempre cambiante del arbusto de Shara se recuerda la ley terrenal de que toda gloria encuentra su fin. Como el sueño de una noche de primavera, así de fugaz es el poder del orgulloso. Como el polvo que dispersa el viento, así los fuertes desaparecen de la faz de la tierra".

Este es el magnífico primer párrafo del clásico japonés Heike Monogatari. ¿A que resulta una invitación a continuar con la lectura? En su edición en Gredos cuenta, además, con una magnífica introducción a la historia y la cultura japonesa del periodo, en la alta edad media, entorno a los siglos X a XII.



(La verdad es que ha quedado una entrada un tanto pedante y ya lo siento: pero el texto es realmente bueno ¿no?)

La originalidad como defecto

En un mundo cada vez más igual, global, homogéneo... llama la atención la increíble necesidad de diferenciación, de individualidad, de originalidad que posee a la gente de hoy y, especialmente, a los más frustrados consigo mismo. Es lo que lleva al exhibicionismo permanente, a "jackass", a los reality...

Por eso, desde el silencio y la discreción, creo que la opción realmente innovadora y original es diluirse, desaparecer en la masa, existir solo en la medida que no existes para los demás.

12 noviembre 2006

Os regalo poesía: bérgidum

Una vez más os traigo un enlace para regalaros así una poesía de Juan Carlos Mestre y facilitaros un mejor comienzo de semana.

Bérgidum


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11 noviembre 2006

Rumsfeld: ¿lengua viperina o embaucador de la nada?

"Sabemos que hay hechos conocidos. Hay cosas que sabemos que sabemos. También sabemos que hay hechos conocidos que desconocemos. Es decir, que sabemos que hay ciertas cosas que no sabemos. Pero hay hechos desconocidos que no sabemos, que son los que no sabemos que no sabemos"

Donald Rumsfeld-. Feberero 2002

10 noviembre 2006

Recetas para la felicidad (una tarde de viernes)

Sírvete una copa de tu licor favorito (un rioja, un cubata, un oporto... qué más da).

Tómatela tranquilamente, sentado ante un ventanal que te permita disfrutar de la puesta de sol en estos soleados días de otoño recalentado.



Escucha algo animado de Talking Heads (Burning down the house o incluso Heaven pueden ser perfectos) hasta que la música sea lo único en lo que piensas.

Y disfruta el momento. Déjate llevar convencido de que todo es perfecto.

Y, cuando casi lo has conseguido, no dejes que te venza el recuerdo del maldito Tsahal.

09 noviembre 2006

"Judiadas": Israel bombardea civiles.

Si, en la paz, Israel es preferible a cualquier otro país de la zona (al menos hay una democracia y cierta libertad) en esa guerra larvada y permanente que se mantiene en tierras palestinas, Israel se convierte en le más cruel de los terroristas.


A cada ataque irracional de los islamistas, su respuesta multiplica por cien el horror y, precisamente porque era una esperanza de estado libre y laico, decepciona y deprime más que cualquier otra acción el ver como su ejército (más terrorista que el peor terrorista) asesina, tortura y se salta la ley poniéndose al nivel de un terrorista más, pero más armado y peligroso.
Pareciera que buscasen dar de nuevo significado a la palabra "judiada".

Claro que siempre les queda pedir simplemente, "perdón" y pensar que eso les libera de la culpa. Con la ONU les funciona.

05 noviembre 2006

La triste sonrisa de Steve McQueen

He vuelto a ver La huída, de Peckinpah, con Steve Mcqueen, y la siempre cuasiadolescente Ali McGraw (¿Por cierto, qué ha sido de ella? Casi no se laha visto en películas después de las de esta época?)



Me gusta la película pero me gusta especialmente por recordar al actor. No sé muy bien cual puede ser la razón, pero es un actor que siempre me ha resultado especialmente magnético.

Creo que solo recuerdo en mi infancia un par de muertes (mediáticas) que me impactaran: la de Félix Rodríguez de la Fuente y la de Steve McQueen. Aún me parece estar viendo su foto en algunas portadas de periódicos colgadas con pinzas a la entrada del portal en el que estaba situado, casi bajo el hueco de la escalera, el pequeño rincón del quiosco de Marina, donde comprábamos los cuadernos, cambiábamos cómics y, las mujeres, llevaban a zurcir las medias (otro oficio perdido en este rápido cambio que ha llevado a nuestro país a la modernidad en apenas dos décadas)

La sonrisa de McQueen es probablemente la más triste del cine. Se parece en esto a Glenn Ford, otro asceta del gesto. Sus sonrisas siempre parecían conscientes de un dolor insalvable.

Su alegría parece sólo enmascarar una tristeza de fondo, como esas canciones alegres de Mª Dolores Pradera, que mientras canta con ritmo de rumba algún tema de Carlos Cano no consigue remontar una sensación de melancolía más fuerte que la propia liviandad del ritmo

Savater: panorámica del pensamiento actual

Un nuevo artículo de Savater nos ayuda, con la facilidad y didactismo que caracteriza al autor, a conocer un poco mejor el pensamiento imperante en los comienzos de este siglo.

Es fácil engancharse a este autor, criticado desde la derecha por su postura “libertaria” y laica (antidogmática) y desde cierta izquierda por sus posiciones en contra del seguidismo del radicalismo nacionalista y por el abandono de las más clásicas teorías “socialistas”

No sé si se mantendrá activo mucho tiempo, pero os adjunto el enlace

http://www.elpais.es/articulo/semana/tormenta/ideas/elpbabsem/20061104elpbabese_1/Tes/

Estúpidos gurús del marketing

Odio a los gurús de la frase, capaces de construir cualquier discurso en torno a una ocurrencia genial, preocupados más de epatar a una audiencia fácilmente subyugable que de construir una teoría estructurada que soporte sus ocurrencias (la educación es cada vez menos reflexiva).

Esta forma de pensar es típica de individuos que en función del momento y del contexto pueden defender una cosa y la contraria siempre que encuentren una bonita frase que la soporte.

Son capaces de leer cualquier libro con un lápiz en la mano para apuntar cualquier frase “bonita “ o útil a sus propósitos sin, al final, tener una idea clara de cual era la tesis general del autor: lo importante será citarlos en su próxima obra, traerlos a colación en cualquier conferencia.

Ejemplos típicos: cualquier gurú del marketing, la economía o las tendencias sociales pude estar fácilmente en esta categoría. Quizás las tonterías de Matathia y Saltzman puedan ser de los mejores ejemplos.

15 octubre 2006

Pirineos: Dos excursiones recomendables

De las excursiones asumibles por perezosos (aunque a veces ponga como excusa de mi pereza a mi hija pequeña para evitar dar largas caminatas), os recomiendo estas dos en el entorno de Vielha: la visita al Pla des Artiguettes y el Sauth desh Pish, por un lado y a la Artiga de Lin, pasando por la fuente de Uellhs deth Joeu, en segundo lugar.



La primera sube, desde el puente de Arros por una pista forestal (en la que suplicas no encontrarte con otro coche en dirección contraria) que termina en un valle espectacular, con la pequeña cascada llamada el Salto de Pish. Un paseo por esta zona puede demorarse todo el tiemppo que quieras porque las vistas y la calma son impresionantes.

Por otro lado, un poco más adelante, desde el pueblo de Es Bordes, sale una pista que conduce a otro lugar semejante, pero en el que las moles rocosas de lso Pirineos tienen aún más protagonismo. El paseo desde la pequeña cascada de Uellhs deth Joeu a la Artiga de Lin es no muy largo y desde luego merece mucho l apena

Restaurante Els Puys de Esterri d’Aneu

Sin duda ha sido de lo mejor de este viaje de los Pirineos. Un restaurante realmente encantador. Después de haber probado los paradores de Vielha, Arties, La Seu o incluso la Torre del Remei, en este viaje, ésta ha sido la mejor experiencia gastronómica y el local más agradable. Lejos del exceso y los estirados efectismos de la Torre del Remei y del ambiente agradable, pero un tanto funcionarial, de los restaurantes de Paradores.

Sólo ocho mesas, de las que sólo tres estaban ocupadas. Probablemente no será igual en temporada alta. Pero el caso es que el lugar era muy acogedor, agradable y silencioso (a pesar de, otra vez, un suave jazz de fondo – parece mentira que la música más apasionada, personal y creativa sea tan utilizada como fondo para ser oído sin ser escuchado: en el bar de Taull, aquí, en la Torre del Remei...).



Además, la comida, en ese estilo mezcla de creatividad y fondo de gastronomía local, era exquisita.

Lo primero que sorprendía del local era la agradable y suave decoración, en contraste con el edificio que lo albergaba; un impersonal hotel situado en la primera torre del pueblo, según se baja del puerto de la Bonaigua.

Después, la muy surtida (y muy expuesta, que no sé si será muy bueno para la calidad) variedad de licores, especialmente Armagnac, Cognac y Brandies. También disponía de carta de puros (lo más desagradable puede ser que, siendo un local de fumadores, te toque un fumador de puros cerca)

También la amabilidad y explicaciones del hombre que resultaba ser el único camarero.
Por último, los precios. Más que ajustados, reducidos. Después de la comida (siento no recordar los platos: algunos típicos de la zona y con nombres en catalán, soy incapaz de citarlos. Los postres, exquisitos) lo que más sentí es mi incapacidad para apreciar los licores porque aquella extensa carta invitaba a prolongar la sobremesa.

En fin, altamente recomendable.

Románico de Boí-Taull: Lo mejor

De entre todo el románico del valle de Boí-Taull, al final os recomendaría esta iglesia. Quizás sea el momento en que la visitamos: ya de noche, cuando nos retirábamos después de un paseo por Caldes de Boí.


La iglesia aún no estaba iluminada (la encendieron, lamentablemente, un poco después). El pequeño pueblo estaba vacío y oscuro. Sin duda, ésta es la sensación que busco cuando visito cualquier iglesia o resto románico: transmitía aún la soledad, introspección y ambiente de una vieja iglesia. Como lo hacía el aroma a cera que aún existe en la iglsia de Vielha, ante el fantástico retablo. Además, la iglesia es de las pocas que conservan la estructura porticada que servía de refugio ante el duro clima de la zona a quienes a ella acudían. El cementerio colindante hacía de complemento ideal para una iglesia que por fin me dejo un buen sabor de boca en la zona. Lamentablemente no pudimos visitar el interior. O quizás haya sido mejor.

Románico de Boí Taull. Decepciones y sorpresas

La impresión que uno tiene en todo el Pirineo es la de ver un lugar que alguna vez fue hermoso, tranquilo y solitario. En gran parte sigue siendo así. Pero el turismo de masas ya ha llegado y es para quedarse. Hoy, en Boí y Taull, el paisaje mas destacado son las grúas.

Mientras, el tan cacareado románico de la zona me ha resultado frustrante. Es obvio que estos monumentos son hermosos y merecen la visita. Sin embargo, han caído también bajo esa necesidad/necedad de la cultura de masas, con un exceso de didactismo y multimedia que altera totalmente el sentido de estos lugares y que, a quienes realmente interesa el tema creo que aporta bien poco y no añade nada nuevo a ningún libro básico sobre la materia. Para explicar a los turistas qué son, como se construyeron, qué significaban… convierten los monumentos en una especie de aula multimedia, totalmente alejada del recogimiento, sobrecogimiento, silencio y austeridad que uno espera encontrarse. Nos encontramos con videos, música, exceso de luz, piezas expuestas desubicadas… Quieren enseñar lo que era alejándolo al máximo precisamente de lo que fue.
Por supuesto, las pinturas son falsas, una réplica de las originales que se exhiben en el Museo de Cataluña.



A la primera de estas iglesias, la de Boí se accede tras pagar poco mas de un euro a una señora a la que le es indiferente el lugar, mientras hace sudokus. Ni siquiera informe de que en Taull, Sta. Maria está en obras (como todo el pueblo) aunque sí intenta colocarte un bono para visitar todo el pack de iglesias (aunque no sea posible por las obras, como he dicho). Desistimos del pack ante la frustrante primera experiencia e hicimos bien.

En Taull se hace difícil comer pues todo esta cerrado a la espera del puente. Acabamos comiendo en el único garito abierto, con escasa oferta y donde además, la mitad de las cosas ofrecidas se han agotado. terminamos tomando un Oporto al lado de Sant Climent, en un lugar agradable cuyo dueño, en cuanto aparecemos los dos primeros (y únicos) clientes se apresura a poner música en el jardín, que maldita la necesidad que había, aunque sea Nina Simone .

La iglesia es interesante, pero de nuevo se acerca mas a una especie de entretenimiento de parque temático.

Lo mejor, gracias a la lluvia que acaba por caer y hace huir a los pocos turistas, un pequeño paseo por Caldes de Boi y los bosques mas cercanos, así como el extraño santuario de la Mare de Deu, con antiguas tiendas en lo que debió de ser un patio (casi claustro) y que parece ofrecer una perfecta conjunción de cristianos y mercaderes: antes de llegar a la iglesia, consume. Ésa es hoy su penitencia.



Pirineos: Vielha

Parador de Vielha. 8 oct 2006.

Ni una nube, ni una gota de nieve. Supongo que esto es el calentamiento global. El espectáculo del verde y la montaña siempre sorprende por su capacidad para parecerse a lo que de el esperamos.
Sin embargo, en el Parador el sonido es falso hasta un extremo de delirio. En medio de los Pirineos suena Women of Ireland con un trino de pajarillos pregrabados. Solo con apagarlo se oirían pájaros de verdad en el exterior.

Aún así, es mas soportable que el fondo sonoro de restaurantes como el que ayer sufrimos en Alhama de Aragon (o era la Almunia de Dona Godina? Da igual: no volveremos a ninguna de ellos); Canciones populares en engolada versión ópera. La ópera me gusta poco, pero cuando Carreras, Pavarotti o Caballé se ponen a hacer gorgoritos con canciones pop que de ninguna forma admiten tales versiones siempre tengo la duda de si la capacidad de estos autores para distinguir la buena música es falsa o si su amor por el dinero no conoce límites. Lo cierto es que tales versiones son lo más insufrible y asqueroso que existe. Así les procure una afonía eterna.



Aquí, en Vielha, el parador ofrece la tranquilidad que de él se espera. Sin embargo, el pueblo carece de cualquier atractivo, a excepción de su iglesia y del hecho de estar rodeado de estas impresionantes montañas que pronto irán comiéndose unos adosados que ya empiezan a hacerse notar. Algún día nos daremos cuenta de que la verdadera unidad de España, su autentica vertebración, se la habrán dado los constructores, haciendo de ella un único paisaje de ladrillo y centros comerciales.
Aquí, la construcción típica es el adosado pirenaico: adosados como en todas partes, pero con pizarra, piedra y madera, cubriendo las laderas de las montañas en esas hileras que sólo alteran las grúas.

30 septiembre 2006

Bodegas Fuente Luchana

Si paseais por el centro de Madrid y caeis cerca de la calle Luchana 28, a la altura de Santa Engracia, no dejeis de visitar esta tienda.



Si os gusta o quereis comprar algún vino o licor, la experiencia merece la pena. Es un lugar agradable en el que reina la paz y el silencio. No hay música; no hay mucha gente. Las conversaciones de los pocos paisanos que allí te encuentras forman un perfecto ruido de fondo sobre el que pasear, revisar y elegir entre la amplia variedad de licores: desde los más clásicos riojas hasta el cada días más "fashion" ví de gel; desde un knockando hasta un vino húngaro etiquetado en España con un nombre de sonoridad japonesa...

Un lejano fondo de tráficose cnfunde entre un ambiente de neón viejo que da esa extraña luminosidad que t erecuerda las tiendas y locales de los sesenta. Ppor un momento, te parece estar en la España de "La familia y uno más", pero con la capacidad de disfrute hedonista de hoy.

Ahora, a esperar que haga efecto el "caldo".

Os regalo poesía

Hoy, os regalo una poseía, os regalo el mar:


Ruido de mar

24 septiembre 2006

La inmoralidad de los creyentes

Es lamentable la apropiación que hacen los católicos (y los religiosos en general, pero los católicos son lo que más frecuentemente me rodean y, por tanto, los que más me afectan) respecto a la moralidad.

Acostumbran a considerar a todo no creyente como seres inmorales, dispuestos a hacer cualquier cosa sin reparos precisamente por carecer de un dios castigador que nos amenace. No se dan cuenta de que la verdadera actitud inmoral es precisamente la de los católicos (y religiosos en general) que no actúan basándose en normas internas, en un respeto convencido a los demás, en la necesidad de construir juntos un entorno social basado en normas respetuosas.

Por el contrario, son los religiosos los que muestran el comportamiento más claramente inmoral al actuar basados en el interés propio (ganarse la vida eterna) o el miedo (al castigo divino, al infierno) Su moral es externa e impuesta. Sólo los no creyentes tenemos una moral intrínseca, basada en el respeto a las normas, para conseguir una sociedad mejor aquí y ahora. No necesitamos un dios amenazador para actuar como debemos.

Cosas infravaloradas.

* El amanecer
Frente a la literatura de la puesta de sol, el amanecer suele aparecer como un momento desagradable asociado al despertar y el madrugón. Sin embargo, y a pesar de que dormir es fantástico, el amanecer es un momento maravilloso. Me gusta incluso cuando estoy atascado intentando llegar al trabajo. Sentir como va cambiando la luz, el frío de la mañana e, idealmente, la lectura de la prensa ante un buen café mientras la luz se va imponiendo es un a forma ideal de comenzar el día con optimismo
* La monotonía:
La aventura, la novedad, la originalidad… sin duda tienen mejor prensa, venden más y tienen más seguidores declarados que la repetición y la monotonía. Sin embargo, no dejo de pensar que si necesitas tanto cambio es que algo falla, algo es insatisfactorio, en tu día a día. Por el contrario, disfrutar de pequeñas rutinas que hacen más agradable la vida nos acercan a una especie de felicidad zen fácilmente alcanzable. Obviamente, esto se puede decir cuando esas establecidas rutinas diarias son agradables y elegidas. Supongo que la rutina de la mayoría es insatisfactoria. Pero también hay una actitud de insatisfacción permanente que no ayuda a disfrutar del momento.
* La disciplina:
La vida en sociedad requiere la cesión de ciertas áreas de individualidad para poder convivir. Mantener esa convivencia obliga a algunas formas de sanción frente a quienes desprecian al conjunto por imponer sus propios deseos. Hoy existe un culto a la individualidad que parece obligar a respetar cualquier capricho individualista justificado por “mi libertad” o “mis derechos”. Sin embargo, hablar de obligaciones parece conservador y tiene preferiría
* El principio de autoridad
De forma paralela a la anterior infravaloración de la disciplina, surge una crítica y desprecio absoluto al principio de autoridad, basado en que la opinión de cada quien es tan valiosa como la del más respetable de los sabios. Esto, que sería bienvenido en la ciencia, donde sólo la prueba y el ensayo se imponen como argumento, resulta en la sociedad contraproducente. Si bien lo autoritario suele ser negativo, la ausencia total de autoridad supone un relativismo tan absoluto que se establecen seis mil millones de verdades, cánones, certezas. Así sucede que no hay más que abrir las orejas para escuchar como cualquier gárrulo soluciona todos los problemas de la humanidad con absoluto convencimiento, dos frases lapidarias y finalizando con un rotundo “y punto!”
* Los prejuicios
Tener prejuicios es siempre criticado. Sin embargo, no se reconoce lo buenos que son los prejuicios a la hora de economizar esfuerzos. Dado que no puedo juzgar todo con datos suficientes, sobre cosas menos importantes prefiero tener prejuicios. Lo importante es saber cambiarlos cuando dispones de más datos. Por ejemplo: yo tenía prejuicios antidiscriminatorios que me hacían ver a todos los colectivos con los mismos derechos, tendiendo más a juzgar individuos que colectivos. Ha bastado conocer un poco más a los gitanos para poder afirmar con cierto conocimiento de causa que se ganan a pulso en la mayoría de los casos el querer discriminarlos. Último ejemplo: ayer en el zoo (que lugar más horrible), hacíamos cola respetuosa para entrar al espectáculo de delfines. De repente llegan como 30 gitanos. Todo un clan: los mayores los churumbeles, las señoras… Y se ponen los primeros, sin ningún respe a la cola ya establecida. Lo más curioso fue la reacción de la gente: nadie protestó ni les dijo nada. Claro: eran 30 y todos debimos pensar lo mismo: “ya se sabe, son gitanos, no se puede esperar otra cosa y, si protestamos, la liarán o incluso nos tildarán de racistas”…

17 septiembre 2006

Duda

¿Es más feliz quien no desea más o quien lucha por cumplir sus múltiples deseos?

15 septiembre 2006

Mis mejores 25 películas

Unos amigos proponen un juego y me piden mi lista de las mejores películas de la historia. No soy excesivamente cinéfilo, así que no sé decir cuales son las mejores. Pero sí he elegido algunas de las que más me han gustado. Había una condición: sólo una por director. Esto excluye la posibilidad de repetir a Kubrick, Lynch o Jarmusch, del que señalaría alguna más. Pero, sea. Esta es mi lista.



Barry Lyndon
: Stanley Kubrik

The straight Story
: David Lynch

Mi Vida sin mí
: Isabel Coixet

El padrino
: Francis Ford Coppola:

El sur
: Victor Erice

El silencio de los corderos
: J. Demme

Ghost Dog: J. Jarmusch

Citizen X
: Chris Gerolmo

Blade Runner: R. Scottt

Salvar al soldado Ryan: S.Spielberg

El cielo sobre Berlín
: Win Wenders

Historias de Filadelfia
: G. Cukor

Medianoche en los jardines del bien y del mal
: Clint Eastwood

Érase una vez en América
: S. Leone

Ninotchka: E.Lubitsch

Casablanca: M. Curtiz

Muerte entre las flores
: J. y E. Coen

Que bello es vivir
: Frank Capra

La ley del silencio: Elia Kazan

Con faldas y a lo loco
: Billy Wilder

El juego de Hollywood
: R. Altman

El séptimo sello: Ingmar Bergman

El tercer hombre
: Orson Welles

El Baile de los vampiros
: Polansky

Ojos Negros: Mikhailkov

14 septiembre 2006

Recomendaciones para un viaje a El Hierro

Sigo recuperando información de algunos viajes previos con la intención de compartir algunos de los puntos de interés que más me atrajeron.

En este caso, la isla de El Hierro, el lugar ideal si buscas calma, soledad, silencio... salvo en algunas poblacciones que tampoco se libran de la plaga de niñatos tuneros con sus bólidos atronantes, ni de los garitos y bares con un permanente e inútil hilo musical.



Empecemos por el mar. Lo limpia que está el agua y la fauna que te encuentras ya en la propia orilla es de lo mejor de la isla. Hicimos un bautismo de buceo en La Restinga (creo que se llamaban "El submarino") y fue muy agradable. Aunque no salimos del puerto (que no es el paraiso del agua cristalina, como es imaginable para cualquier puerto) allí mismo se puede encontrar desde morenas a multitud de especies, a pesar del fango del fondo. Uno se queda con las ganas de hacer un curso más avanzado y salir a mar abierto.



También interesante todo el entorno de Tacorón. Por cierto, el chiringuito del Tacorón fue uno de los sitios donde mejor nos atendieron: rápida y eficazmente. Comida sin pretensiones, pero por su atención y su situación, me pareció un sitio agradable y honrado (esa categoría que debería ser identificada en todas las guías, independientemente de calidad, precio, encanto u otras muchas zarandajas menos ilustrativas de un restaurante decnete que este simple adjetivo). Junto con El Refugio, en La Restinga y la Joya de Belgara, en Tigaday, los más agradables/honrados: insisto, comida sin pretensiones pero decente y atención eficaz (al menos en comparación con lo habitual en la isla).

También nos gustó el restaurante del hotel Villa Mocanal (y el hotel, en general: reciente, moderno, limpio), aunque aquí el servicio ya era algo más deficiente (deficiencias suplidas con amabilidad). Otros lugares, son extraordinariamente lentos en el servicio, aunque prometían por su aspecto mucho más: en La Maceta, un restaurante muy agradable pero donde tuvimos que protestar después de una espera interminable por cada plato.

Lo mismo, o peor en La Higuera de la Abuela, uno de esos restaurantes con encanto que aparecen en todas las guías de El Hierro y que resultó deleznable. De hecho, en este sitio, la gente se estaba yendo protestando y varios grupos o parejas se fueron antes de empezar, tras llevar un buen rato esperando en la mesa o de pie, sin ser atendidos, rodeados de moscas e insectos atraidos por la exhuberante (quizás demasiado) vegetación. Incluso en el Mirador de la Peña, aunque no fue nuestro caso, había gente protestando por la tardanza. En el Parador la atención era de la calidad habitual, aunque la carta era bastante limitada. En general me sorprendió que, a pesar de ser una isla, el pescado era poco variado (viejas lo más frecuentemente, peto y sama, generalmente)

Aparte de Tacorón, el inmenso pinar (estos días incendiado, así que no sé como de inmenso sigue siendo), los paseos por los montes en la parte alta de la isla, todo el entorno del Faro de Orchila y el embarcadero, y los baños en el mar en La Caleta (al igual que las piscinas, ideales para los niños si se viaja en familia), nos dieron los mejores momentos.

En Valverde, la pequeña capital de la isla, siempre envuelta en uan extraña niebla, la Esquinita de Claudio era un pequeño lugar agradable para terminar la tarde ante una cervecita y un poco del excelente queso isleño. Lástima que les guste tanto tener la televisión a un volumen tan alto; es el único pero. No llegamos a cenar en el restaurante casa Goyo, que aparecía en vario sitios recomendado, porque el local era horroroso, nada acogedor y de lo más cutre que he visto en tiempo. Sin embargo, como digo, aparecía recomendado en varias guías (empiezo a acostumbrarme a no fiarme de las guías, lo que demuestra que me estoy haciendo cada vez más raro o que los gustos de las masas son cada vez más despreciables, si cabe.



También muy recomendable la visita al lagartario (aunque con un horario muy limitado: a la 1 y a las 5, sólo), Las Puntas y el balneario Pozo de la Salud, por su entorno. Cerca de él (no más de un km) hay una pequeña playita con un poco de arena y un mar cristalino, digna de un buen baño en absolta soledad.

Nos alojamos en una casa que no nos gustó nada y que confirma me odio hacia esta moda del turimo rural. Se llamaba Poblado Jirdana y es fácil de ver en la web Top Rural porque su dueño (que firma como Herreño) está omnipresente en todos los comentarios sobre la isla, dando su opinión y aprovechando para recomendar su antro. En El Hierro conseguimos folletos de otra casa rural, llamada La Asomada, que tenía buena pinta. En todo caso, a nosotros simpre que hemos ido a Canarias nos ha dado buen resultado la página de acantur (http://www.ecoturismocanarias.com/canarias/es/islas.asp).

En fin, si vais allí, espero que tengáis mejor suerte con el alojamiento y que podais disfrutar de las maravillas de una isla aún suficientemente alejada de los circuitos masivos.

11 septiembre 2006

Un viaje recomendable por el interior de Soria

Quienes me conocen saben lo pesado que puedo llegar a ser alabando la provincia de Soria. En realidad no es sólo Soria, sino el interior de Castilla (esa Castilla-La Vieja que antes apendíamos) el que me atrae por la capacidad para transmitir austeridad, tranquilidad, quietud, soledad.

Uno de los viajes que me parece recomendable en estas tierras y que es ideal para cualquier fin de semana, es el que nos planteamos hace algún tiempo y que resultó un auténtico placer desde todo punto de vista.

Era invierno, así que nos fuimos acercando a nuestro destino, Brías, después de abandonar la nacional I y cruzando ya tras haber anochecido, esas carreteras oscuras y silecnciosas, donde casi no te cruzas con ningún otro coche que a mí me recuerdan las carretars de mi infancia, en Galicia, cuando el atasco o la autovía no eran aún nuestro entorno habitual.



El placer de ese viaje se vive dos veces. La primera vez cuando llegas de noche y solo alcanzas a adivinar al principio las sombras de los árboles que bordean la carretera y luego la soledad del páramo desnudo, desierto, frío. La segunda vez es al día siguiente cuando repites el viaje en sentido inverso (Brías es casi un cul de sac, del que has de regresar para seguir cualquier otra etapa). En esta segunda ocasión la luz fría del invierno refuerza la sensación de soledad , de tierra abandonada.

En Brías nos alojamos en una casa de turismo rural que había sido palacio y residencia de un Obispo. Es una hermosa casa. Como alojamiento, yo no soy especialmente dado a este tipo de turismo, así que sólo diré que era suficiente y que cocinaban bien, pero con un menú obligatorio y compartiendo la mesa de la cocina para un desayuno comunal...

Lo más interesante del viaje fueron dos puntos testigos de las antiguas luchas por estos territorio entre moros y cristianos: uno nos fue recomendado por el propio dueño de la casa es Caracena. Un pueblo que había sido cabeza de partido judicial. Cuenta con una hermosa iglesia románica donde puedes admirar una más que interesante galería porticada y que una vez más refuerza nuestro amor por este estilo propio de la austeridad de esta tierra.



Además de esta iglesia, el pueblo cuenta con un castillo, un antiguo hospital y un royo judicial en medio de la escasa plaza. Apesar de la rica historia de este pueblo de frontera que durante años fue bastión del avance de la reconquista, hoy apenas vive allí una familia todo el año. La carretera termina en este pueblo. No hay más allá y así se refuerza la sensación de lugares abandonados, solitarios que todo el viaje se va reforzando a medidad quese visitan pequeños núcleos inhabitados o que cuentan apenas con algún aventurero que empieza a edificar allí alguna casa donde descansar del agobio de las ciudades.

El segundo punto de interés fue la fortaleza/alcazaba de Gormaz. Lo que fue el castillo árabe de mayor tamaño de Europa es hoy un espectacular recinto amurallado que se levanta sobre un alto y desde el que se divisa en todo su contorno una espectaular vista de los campos de Castilla hasta un horizonte casi inabacable. Aquí da igual el día que haga, que llueva o que haga sol; cualquier circunstancia es perfecta y permite apreciar mil matices a un paisaje que juega con los colores de los cultivos y con la inmensidad de la llanura.



Por último, algunos puntos más de interés: Berlanga de Duero cuenta también con atractivos suficientes (fortaleza, Colegiata...). Es mprescindible visitar la ermita mozárabe de San Baudelio.

Y sé que muchos no se irán sin visitar el Burgo de Osma y sus asadores. Pero esto es ya otra historia. Nada que ver con la tranquilidad, la soledad y el silencio d elos otros pueblos.

La facilidad de la felicidad

A veces la felicidad se aparece inundándote de una forma inesperada. Suele suceder cuando no la buscas, cuando no la esperas demasiado. Cuando necesitas poco. Cuando te dejas sorprender por lo cotidiano con nuevos ojos.

A veces basta que el final del verano traiga de nuevo los olores de la tormenta y el gris plomizo del cielo dé un aire de trascendencia al atardecer.

A veces basta con disfrutar del amanecer desde el atasco.

Y sobre todo, basta con no necesitar más que un poco de los demás (pero tenerlos) y un mucho de uno mismo

08 septiembre 2006

Cosas sobrevaloradas

Hace unos días leía una entrevista con el extravagante grupo Astrud en la que uno de sus componentes afirmaba que "la originalidad está sobrevalorada". No sólo estoy de acuerdo, sino que se trata de una de entre los muchos conceptos que hoy en día están sobrevalorados. Esta es una pequeña primera lista

* La originalidad: Somos más de seis mil millones de personas. Buena parte de ellos vemos las mismas series y películas, escuchamos la misma música, compramos en las mismas franquicias y, a pesar de hacerlo casi todo igual, compartimos los mismos valores de individualismo y diferenciación y los mismos deseos de originalidad.
Está claro que tantas personas intentando ser originales resultan muy poco originales. Esto lleva exclusivamente a la búsqueda de una forma de destacar. Y destacar no es lo mismo que ser original. Destacar es conseguir esos cinco minutos de gloria en cualquier programa de telebasura o llegar al mayor exceso, exabrupto o estupidez. Así, lo que se acaba por entender como original, es parir engendros tipo jackass o meter en metacrilato a una vaca troceada.

* Los conciertos: Vamos a ver: te gusta un grupo o un autor. Te gusta su música y canciones. Vale. ¿Y te vas a verlo a un lugar donde miles de garrulos enfervorizados gritan o tararean las canciones? ¿Quieres escuchar a tu grupo o a los Coros del Salvaje Etilismo?. Mientras te estrujan, frotando sus sudores contra tu camiseta, no ves casi nada del escenario, porque todo el mundo salta agarrado a las litronas que esparcen su contenido entre todos los que estáis alrededor. Por supuesto acabas siguiendo el concierto en la pantalla gigante que han instalado por que tanto saltito no te deja ver nada y, además, desde donde estás apenas se vislumbra al artista como un puntito en el horizonte. ¡Coño! ¡Quédate en casa con un dvd y disfrútalo con todas las comodidades! Si hasta te saldrá más barato. En fin; qué gente...

* La naturaleza: Seamos sinceros, la naturaleza, no nos gusta. Nos encanta que exista ahí fuera, como un bonito cuadro de fondo. Incluso dar un paseo por ella de vez en cuando y encontrarnos con la sensación de que no hay nadie o casi nadie en los alrededores. Pero, con esto del turismo rural y las excursiones domingueras, cada vez es más difícil encontrar esa soledad. Y vivir en ella, con su suciedad, sus bichos, las alergias... definitivamente, no. Lo que sí nos gusta son las comodidades de la civilización. Sin ellas no podríamos vivir. Pero sin la naturaleza, por supuesto que sí. Mucho mejor el césped que los matojos; los árboles de un jardín que un bosque; el insecticida que las avispas del campo; las aceras enlosadas que las veredas embarradas; el maletero que la mochila... Labordeta nos gusta en un documental. Pero no aguantaríamos con él caminando por esos montes salvajes más de una hora sin desear desaforadamente entrar en cualquier asador a meterse un cordero al cuerpo, que es la parte de la naturaleza que más aman los madrileños. En fin, naturaleza sí, pero dentro de un orden: césped, jardín, asfalto...

* La playa: Sin duda la playa es la parte negativa que la gente soporta para estar bronceada. Lo que interesa de la playa es el sol y el espacio para tumbarse. Pero si existieran piscinas para todos, con sus tumbonas, césped, alicatado e, idealmente, servicio de bar, nadie podría elegir ir a un lugar del que sales lleno de arena, con sensación de suciedad a pesar de estar metido periódicamente en el agua, con algas y porquerías en un agua casi nunca transparente. Con gente molestando por todas partes y niños y mayores jugando con pelotitas y raquetitas que deseas convertir en arma arrojadiza. Tumbado entre colillas y otros deshechos en la arena. En fin, un lugar vomitable.

* El arte: Casi todo el arte de hoy es prescindible. Está ahora cerca del concepto de "originalidad" que se rechazaba en el primer punto. Busca epatar más que conseguir la belleza y no transmite casi nunca nada más que hastío. Y el arte antigüo suele estar descontextualizado (en un museo o exposición, en los restos de un lugar que ya no es lo que fue). Mi propuesta sería sustituirlo simplemente por el concepto de belleza. Es más subjetivo, pero el arte también lo es, salvo que confíes en los críticos (élite a la que no entendemos) o en los propios artistas (lo que supone sustituir tu subjetividad por la del autor, aún menos fiable)-

* Viajar: Este es uno de los puntos que más me irrita. No falla, pregúntale a cualquier persona cuales son sus aficiones. Invariablemente te dirá que la música y viajar. Con eso piensa que su personalidad queda ya totalmente definida y que pertenece al conjunto de los güay que hacen cosas in. Pero ¿Qué coño de música le gusta? ¿Bisbal o Bibel? ¿Christina Aguilera o Cristina Branco? Y con lo de viajar lo mismo: ¿Qué le gusta, irse a Benidorm o a Salzburgo? ¿Le gusta meterse en la Pensión Loli y desbarrar toda la noche de garito en garito? ¿Podría especificar?.
En cualquier caso, viajar es un coñazo. A mi me gustaría estar en otros sitios. Vivir por temporadas en lugares diferentes. Pero los típicos viajes de vacaciones son un horror.
En general, cuando empiezas a conocer un sitio, a ubicar los lugares más interesantes y agradables, llega ya el momento de marcharse. Es más una frustración que un disfrute. Y eso pasando unos días en el lugar de destino. Imaginaos esos tours con un destino diferente cada día, con maratón de monumentos y "lugares imprescindibles". Al final la gente está convencida de que viajar es pasar por los sitios y hacerse una foto. Y enseñarla, claro. Creo que, en todo caso, viajar hoy cumple una función social para integrarse en la masa. La gente necesita a la vez sentirse parte del colectivo y diferenciarse, cosas que parecen contradictorias pero que son la base de toda dinámica social. Con el hecho de viajar y estar en todos los sitios donde hoy se "debe" estar (la playa, la casita rural, el consabido spa...) se sienten "como los demás". Y buscando ese destino molón al que el vecino aún no ha llegado, cumpliendo con la obligada última tendencia, se sienten diferentes (mejores) de los demás. Pero dentro de una oferta standard y masificada (ahora China, Tailandia o Cancún) en la que no dejarán de coincidir con otros miles de enteradillos "pioneros".

Continuará.

Y a vosotros, ¿qué cosas os parece que están sobrevaloradas?

02 septiembre 2006

Günther Grass: Virtudes exhibidas, virtudes perdidas

"Las virtudes se practican, no se exhiben". Esta frase de Carlos Castilla del Pino, hoy en El Pais, a proposito de Günther Grass, me parece perfecta para continuar afinando el elogio de la discreción del que hablaba en un post anterior.

Exhibición está en el extremo opuesto de la discreción y a un solo paso del exhibicionismo, que me parece la enfermedad de quien necesita invadir el espacio privado de los demás para compartir sus miserias o sus grandezas (que en este punto siempre se reconvierten en miserias).

Es lo que le ha pasado al escritor alemán. Ha querido ser algo más que un escritor. Un moralista. Y no entiendo porque a un escritor se le suele conceder más crédito como ejemplo moral, como referente social, que a otros colectivos.

La obra de Günther Grass o de cualquier otro escritor debería ser valorada solamente en tanto que obra literaria. El conocimiento del contexto, la biografía, la teoría..., no debería ser tenido en cuenta más que a posteriori, por quienes deseen conocer mejor al personaje.

Pero nada aportan a la belleza de la obra (único elemento que debería importar para juzgarla) al igual que nada aportan la personalidad, circunstancia o ideas del autor, totalmente prescindibles.

Esto de las maravillas de una tecnologia ubicua y flexible no deja de sorprenderme.
Estoy comprobando la capacidad de 'mail to blogger' para actualizar este blog desde mi email en el movil. A partir de ahora podré actualizarlo desde cualquier lugar.
Lastima no poder añadir fotos.

01 septiembre 2006

Recomendación: "Palabras bajo el mar" de Trías de Bes




Fernando Trías de Bes ha escrito un nuevo libro, la novela ‘Palabras bajo el mar’.

Aunque Fernando es conocido por su best seller ‘La buena suerte’ (escrito con Alex Rovira) y por su actividad en el mundo del marketing y la consultoría, cuenta con la ventaja, a la hora de enfrentarse a esta aventura literaria, de disponer de una sensibilidad más allá del mundo racionalista y economicista que su profesión hace suponer. Y se le adivina un bagaje cultural y unos anhelos de belleza propios, probablemente encorsetados por una actividad diaria que parece quedársele corta.

Para poder disfrutar de este libro debemos vencer una primera resistencia. Casi siempre, cuando nos enteramos de que alguien, que proviene del mundo del marketing, ha escrito un nuevo libro, nos entra el hastío habitual anta la publicación de un volumen más de obviedades basadas en experiencias personales (peor, profesionales) que nos describen las maravillas teórico-practicas derivadas de cada pequeña experiencia vital (peor, insisto, profesional) elevada a verdad religiosa. Nos tememos entonces el advenimiento de un nuevo “gurú”.

Si nos aclaran que no, que no es un libro de marketing, economía o análisis de tendencias sociales, sino una novela, el escepticismo, ya teñido de pánico, se acrecienta: ¡Dios! con la cantidad de libros buenos que hay que leer y aquí tenemos a otro autor que ha vendido un best seller y considera que saber sintaxis es equivalente a saber literatura (bueno, en el caso de Dan Brown ni siquiera se domina la sintaxis. Al menos su traductor).

Pero Fernando no es alguien que descubre el mundo desde el marketing, sino alguien a quien precisamente ese anterior éxito, un tanto accidental, le ha dado la oportunidad liberar al novelista que deseaba tener la oportunidad de darse a conocer. Ahora puede poner en práctica sin cortapisas esos anhelos. Porque cuenta con la ventaja de haber ganado lo que quería: tiempo para dedicarse.

Por eso esta primera novela suena a liberación y ansia. Liberación de una profesión satisfactoria pero que se le queda corta. Ansia por explorar los terrenos hasta ahora vedados por la falta de tiempo y oportunidades.

Como primera novela, “Palabras en el mar”, contiene las virtudes y defectos de quien asume la responsabilidad de escribir desde el deseo de que la obra se juzgue como literaria, como algo que tiene como fin más que la búsqueda de lectores (que ya tiene) la búsqueda de la belleza (y, así, de otros lectores).

Como primer apunte, entre las virtudes, destacaría que es una novela bien desarrollada y planificada, con una gran capacidad para generar un relato teñido de imágenes visuales muy logradas. Entre las carencias, desde mi punto de vista, señalaría un exceso de deseo formal, una búsqueda de la belleza y la forma que denota el deseo del autor por hacer entrar a la novela en el mundo de la literatura. Es un defecto explicable y común en las primeras novelas. Lo observamos en el exceso de adjetivación no siempre óptima (¿nubarrones omniscientes?) que lastra en ocasiones el ritmo del relato.

Al mismo tiempo, tiene logros importantes. Entre ellos, como ya he dicho, la capacidad de evocar imágenes que, además, configuran un universo muy propio lo que permite adivinar que esa capacidad imaginativa irá generando nuevas novelas e historias. A mí me ha parecido lo más particular y lo mejor conseguido en el libro: la habilidad en la creación de imágenes y visiones. Estas imágenes (el árbol de las letras, el ajedrez de insectos, el amigo Espíritu Santo…) suponen los momentos mejores de la novela, superando elementos más descriptivos y narrativos asociados a los personajes. Se construye así la idea de que la capacidad de ensoñación de Fernando supera o se adelanta en ocasiones a su reflejo narrativo.

Los personajes de la novela resultan caracteres muy particulares, fuertes, casi excesivos. No se puede hablar de un protagonista aunque el narrador es solo uno. El abuelo y el padre son caracteres casi terroríficos y forman con el niño una tríada de caracteres masculinos de personalidades desasosegantes. Por el contrario, los personajes femeninos, menos dibujados, aportan, aún dentro también de una perspectiva de infelicidad, un contrapunto de comportamientos racionales. Aunque solo sea por la huida (permanente de la madre, momentánea de la abuela) del yugo de las neurosis de sus maridos.

Quizás demasiada concentración de personalidades desequilibradas para mi carácter esencialmente racionalista (que es el que me aleja cada vez más de la literatura y las obras de ficción).

De entre los elementos más ambivalentes, los monólogos, clímax explicativos de las personalidades de algunos de los personajes. Por un lado, alcanzan algunos de los momentos mejores de la novela tomados uno a uno. En cada pasaje dedicado de forma monográfica a contarnos los momentos críticos de los personajes (el concierto del abuelo, la maternidad de Manuela,…) se logran páginas excelentes: la intensidad aumenta y el ritmo se ve menos lastrado por detallistas descripciones y su lectura es agradablemente ágil.

Por otro lado, y como contrapunto, el registro de los diferentes personajes es muy análogo en todos ellos y el recurso, por ejemplo, a introducir vulgarismos y tics en el discurso de Manuela, no logra mitigar esa sensación (la repetición de “el meollo del asunto” en este último caso se convierte en una muletilla fácil).

A medida que avanzaba en la lectura iban reforzándose ciertas agradables evocaciones de otra historia con la que se pueden encontrar puntos en común. Se trata de ‘El Sur’, de Adelaida Morales (he de reconocer que más bien se trata de la película de su pareja, Victor Erice, pues no he leído el libro, y sí visto la película, quizás una decena de veces).

Aunque bien diferentes (tanto en el desarrollo como en la trama), en ambas novelas se ven algunos temas comunes. La historia en flashback de una infancia, que nos transmite su difícil convivencia con un entorno familiar lleno de esos misterios que a los niños tanto inquietan, que disparan una imaginación todavía incapaz de comprender toda la complejidad de los sentimientos y relaciones adultas. También la repentina desaparición del progenitor o el transcurso de la historia en un “no lugar”: una casa alejada de una pequeña ciudad de provincias sin apenas comunicación con el entorno, donde la soledad es a la vez interior y circundante.

Pero, antes que estos elementos comunes, lo que realmente me llevó a pensar en ‘El Sur’ fue la figura de Manuela. No sé porqué pero enseguida adquirió la imagen de Rafaela Aparicio y desde ella surgió todo el recuerdo de la historia del Sur. Es desde que surge esa ecuación Manuela = Rafaela cuando racionalizo y busco el resto de paralelismos señalados.

Me gustaría comentar un último elemento, quizás el episodio que me produjo mayor cercanía personal. Se trata de la concepción de la amistad que evoca Fernando a través de los labios de sus personajes. Hay una desconfianza de los amigos, un desprecio de la amistad, que hizo que me acordase de mi abuela: siempre me intentaba inculcar una sentencia escéptica - o sea gallega- respecto al valor de la amistad. No sé si logró que lo interiorizase totalmente (un poquito, al menos, sí). En cualquier caso, cuando el lugar común es encontrarse con el elogio de la amistad fuerte, esta defensa del individualismo absoluto, incluso por encima de la amistad, resulta novedosa.

Haber logrado traer a mi memoria este recuerdo infantil es otro motivo para agradecer a Fernando Trias de Bes la escritura de su novela

En verano, Madrid

Una vez más llega a su fin la bendición del Madrid estival. En esta época, en especial en torno al 15 de agosto, Madrid casi se vacía y, quienes nos quedamos, logramos así disfrutar de una ciudad tranquila. No se puede decir que tenga la ciudad solo para mi, pero casi tengo esa sensación. Y es que lo peor de Madrid no es la ciudad, sino sus habitantes. Y no tanto por cómo son, sino por cuántos son. Somos, sin duda, demasiados.

Es difícil entender ese afán por huir de la ciudad que en esta época invade a la mayoría de los conciudadanos (si es que alguno de ellos alcanza tal categoría, más digna de lo que la mayoría de comportamientos de los madrileños les hace merecer).

Llega agosto y huyen, después de meses de agobio, masificación, atascos y colas para cualquier cosa. Y huyen a lugares que, en la mayoría de los casos, no son más que réplicas (con mar eso sí) del agobio de la ciudad: toda las costa de Levante y parte de la costa Sur (y en breve todo el litoral ibérico) entran en esta categoría que me he prometido no volver a pisar nunca más (¡Hasta nunca, Valencia! ¡Adiós Murcia!).

Para lograr esas vacaciones, los madrileños pasan unas cuantas semanas de stress, buscando catálogos, agencias, comparando precios: agobiados con la búsqueda de unas vacaciones “para relajarse”. ¡Si es que lo que les stressa es salir de vacaciones! Y no es cierto que sea para desconectar: me han contado que este verano se han visto campings donde los campistas se habían llevado ¡la tele de plasma!!.



Y luego, sustituyen el madrugón para ir a trabajar por el madrugón para pillar un cacho de arena donde plantar la toalla de marilyn o del forzudo en slips, en una playa saturada de latas, colillas, toallas, neveras, niños gritones, adultos más gritones, vendedores de sortijas, vendedores de gafas, vendedores de loterías…

Sustituyen el atasco de tráfico por el atasco para llegar a la playa, al chiringuito, al apartamento. Sustituyen el bar de curritos donde comen todos los días por el chiringuito antihigiénico a pie de playa con Camela retumbando (¿por eso los vasos son de plástico, para que no estallen los de vidrio?) y sustituyen a los compañeros de trabajo por el vecino de tumbona, del que le llegarán fácilmente el aroma mezclado de grasa, sudor, pelo sucio y bronceador.

Bien. Allá ellos. En general, no hay como ir al contrario que el ritmo marcado para la mayoría. Por eso, me he prometido seguir disfrutando de los veranos en un Madrid con poca gente en el que puedes disfrutar la sensación de pensar que la mayoría de los servicios que presta la ciudad están dedicados a tí en exclusiva.



Algunos dirán que muchos locales, restaurantes, atracciones cierran en agosto. No hay más que buscar un poco para darse cuenta de que los que quedan abiertos son suficientes y, sino, siempre nos queda algún oriental (los asiáticos importan sus costumbre: no tienen vacaciones).

Para un buen aperitivo tenemos desde el Palace al Hotel de las Letras; desde el Avenida de América hasta el Urban, cualquiera de ellos permite disfrutar de unos agradables momentos. Y es cierto que el precio no es bajo, pero más vale un aperitivo en cualquiera de ellos que caña tras caña en otros barecillos cutres.

Me estoy dando cuenta de que, cada vez más, los sitios que me gustan de esta ciudad son los hoteles. Quizás sea un síntoma más de quienes no nos sentimos demasiado implicados en ningún lugar en concreto, porque los hoteles no dejan de ser unos “no lugares” donde no tienes porque sentirte parte de la ciudad, no tienes que sentirte “residente”. Puedes creer por unos momentos que estás “de paso”, aunque sea la ciudad en la que vives, salvo breves interrupciones como es mi caso, desde hace ya más de 20 años.

29 agosto 2006

Y una recomendación muy positiva: Mesón Tejas Verdes

Como decía en el anterior post, muy cerca del Silk & Spice, en un lugar que resulta un oasis en Madrid, está el Mesón Tejas Verdes

Se encuentra ubicado en una especie de cortijo castellano, con un encantador patio y un jardín que, lamentablemente, se encuentra cada vez más cercado por los bloques de cemento de las construcciones que forman ya el paisaje ‘typical spanish’, Por ahora, se resiste a ser engullido por los especuladores urbanos y se mantiene como uno de los pocos ejemplos de arquitectura popular y rural que se pueden disfrutar en Madrid (Bueno, en San Sebastián de los Reyes)




En él, no hay concesiones a la moda Kenzo ni a ninguna otra tontería de local ‘in’. Los camareros son profesionales con años de servicio a las espalda, eficaces y amables. La música, por supuesto, no existe: esto es un restaurante.

La comida, típicamente española (lo que no tiene porque ser una ventaja, dado el nivel medio de los restaurantes ‘típicos’) es exquisita. Y no tiene porque abusar de la hipercolesterolemia que en otros restaurantes y casas de comida consideran esencia racial.

Los platos de verduras son buenos (unas simples habitas con jamón me hicieron reconsiderar mi rechazo a este plato; las judías verdes, de las mejores que he probado en Madrid) y el pescado suele ser muy fresco y bien elaborado. Incluso en las típicas fritangas se nota que el aceite es de calidad y se cambia frecuentemente. Seguro que hay menos grasas en un plato de morcillas aquí que en los malditos rollitos vegetarianos del Silk & Spice.

Cuando el tiempo acompaña, se puede comer en la terraza, un lugar muy agradable, en el amplio jardín casi boscoso que está en la trasera del edificio.

Si hace demasiado fresco, el interior también es un lugar agradable, en el que parece que hemos viajado sin darnos cuenta hasta algún pueblo manchego donde podemos disfrutar de la esencia de un antiguo caserón. La única pega es que algunas de las mesas y sillas son algo más bajas de lo recomendable. Deben pertenecer a la época en la que la talla de los españoles era más reducida.



En fin, un lugar muy recomendable. Una sugerencia que parece que no encontrareis en On Madrid o en Metrópoli, pero cuyo solo recuerdo sirve para olvidar las absurdas ofertas ‘modelnas’ que nos inundan.

Una recomendación negativa: restaurante Silk & Spice


La diferencia entre un restaurante honesto y una moda pasajera puede verse a veces a muys escasa distancia. Del restaurante Silk & Spice, en el centro comercial Arroyo de la Vega, al Mesón Tejas Verdes, en San Sebastián de los Reyes, antigua N-I, apenas habrá un kilómetro. Pero existen varios años luz de diferencia en calidad y servicio.

El primero, inaugurado hace poco, goza de la benevolencia de los comentaristas de las revistas guías de Madrid. En especial, el caso de On Madrid, revista que en sus escasos meses de vida ya ha dado muestras de su escasa fiabilidad y de la parcialidad de sus juicios, claramente dependientes de algo más que la objetividad del crítico (hay un restaurante que no voy a citar porque no lo conozco, pero que ha sido recomendado varias semanas seguidas: una porque era bueno para ir con niños; otra, por su terraza; otra por la calidad de su presa ibérica… Sospechoso que habiendo tantos restaurantes en Madrid, destaquen siempre el mismo).

A pesar de los múltiples comentarios positivos, lo cierto es que estamos ante uno de esos restaurantes en los que la moda y el “estilo” ocultan una banalidad gastronómica total.


El servicio, amateur, esta formado por jovencitos aspirantes a modelo vestidos de Kenzo. La música, tipo lounge /chill out ( es decir, lo que antes se llamaba música para ascensor y que sigue teniendo como misión ser oída sin ser escuchada. Pero hasta Ray Coniff era mejor que Chambao), aquí retumba hasta hacer imposible olvidarse de ella.

La comida, vulgar, especialmente en comparación con los precios. Los rollitos que se presentan como vegetarianos rezuman tanta grasa y aceite que, para tu salud, más vale pedirse un chuletón de Ávila.

El local es agradable. Todo diseño. Incluso la cubertería, que de tanto diseño hace que los cuchillos sean ergonómicamente nefastos (el mango redondo y delgado impide un agarre cómodo. Pero es taaan bonito L ). Al estar situado en el ático del centro comercial ofrece vistas a la zona de Alcobendas y Sanse. Y, sinceramente, ¿quién quiere verlos? ('vistas estupendas', según la revista Metrópoli, de El Mundo :-) ).

Y, para finalizar, se equivocan en la cuenta. En mi caso me la presentan con ¡un 50% de diferencia! Obviamente, les indico el error, pero lo corrigen parcialmente (ya habían pasado la tarjeta: se quedan con el iva del total y devuelven sólo parte del nominal de parte de los platos indebidamente cobrados. Parece que el cerebro lo tienen ocupado por las últimas creaciones de Kenzo y ésto les impide ya no sumar (eso lo hace la máquina), sino reconocer los números en las teclas.

No me gusta discutir ni reclamar, así que paso de insistir y me voy con la promesa mental de no volver nunca más. Cosa que seguro que consigo pues el local en el que están debe contar con alguna maldición ya que ha cambiado de dueños varias veces en los últimos años. Paso de advertírselo: que les den.

28 agosto 2006

Crítica a un pedante

Un pedante, de formación inequívocamente sociológica, ha escrito una carta al director, publicada en El Pais del domingo 27 de agosto, que, por sí sola, justifica parte de mi desapego respecto a las “ciencias” sociales, especialmente a su palabrería.

A continuación la transcribo:


Plutón posmoderno
Plutón ya no es planeta porque expertos astrónomos lo han acordado en Praga. Esta pequeñez es una demostración más de que la realidad ha dejado de ser “real” y se ha transformado, únicamente, en un proceso de interpretación subjetiva, construida por una retórica específica.
Para otros expertos, pero en el ámbito de la filosofía, o de las ciencias sociales, el ejemplo de Plutón es un síntoma más de la era del mass-media, la revolución de las comunicaciones y de la tecnología. Un periodo cuasi-virtual que algunos llaman posmodernidad, caracterizado entre otras cosas por una saturación de información que tampoco ha conseguido explicar la complejidad del entorno humano, y que paradójicamente, al final del proceso se ha impuesto lo contrario: la victoria del mito, cuya simplicidad hace más fácil la compresión de las cosas. Es lo que en Marketing se llama “imagen de marca”, algo muy de moda en estos tiempos.
Plutón dejará de ser planeta, pero la gran expectación que ha creado la reunión de Praga donde se ha discutido la complejidad del cielo, parece reproducir el eterno mito del culto a “allí arriba”, semejante a la Comisión Teológica Internacional que reunió el Vaticano el pasado noviembre para discutir la existencia del Limbo, aquel lugar que acogía las almas de los niños no bautizados, y que desde entonces tampoco existe. La gran diferencia es que con la posmodernidad, la espiritualidad de la Iglesia ha entrado en decadencia, mientras que los de Praga, tan materialistas como las razones por las que Plutón no volverá a ser planeta, se benefician de la gloria de la mitificación actual de la Ciencia. ¿Una nueva religión?
Daniel Esparza Ruiz, (Becario MAEC-AECI), Olomouc (República Checa)



En fin, decir que la decisión de la Unión Astronómica Internacional de definir Plutón como planeta enano “es una demostración más de que la realidad ha dejado de ser 'real' y se ha transformado, únicamente, en un proceso de interpretación subjetiva”, no es más que una estupidez pedante.

Lo que sí es una interpretación subjetiva (mía), es que la unión de palabras en una frase pretendidamente profunda muestra que la mala digestión de un festín de lecturas erróneas puede provocar un empacho mental que termina en diarrea discursiva. Porque nada hay de subjetivo en la decisión tomada, ni en nada se ve afectada, por supuesto, la “realidad” de Plutón.

Contra esta clase de postmodernos, incapaces de leer una noticia de ciencia y vencer la tentación de hacer analogías sociales directas, ya nos advertían (al parecer con poco éxito*) Sokal y Bricmont, o el propio Weinberg en el libro comentado en el anterior post.

Pero contra la confusión mental (que lleva a meter en un mismo cajón a la Unión Astronómica Internacional y la Comisión Teológica Internacional, para terminar sugiriendo que la ciencia es una nueva religión) sólo cabe confiar en que, algún día, la enseñanza de la ciencia mejore hasta el punto de reforzar el pensamiento lógico, científico y crítico por encima de parafernalias lingüísticas, discursos en pirueta y frases vacías.


*
Podeis ver más en:

Comentarios a Sokal y Bricmont 1
;

Comentarios a Sokal y Bricmont 2

26 agosto 2006

Weinberg frente a Glashow

De vez en cuando compro una tanda de libros de divulgación científica. En concreto, física. Me ha gustado siempre pero, tras ver el fantástico documental “El universo elegante”, de Brian Green, tuve que buscar el libro del mismo nombre y autor. Y, tras leerlo, seguir ampliando con otros en torno, concretamente, a la teoría de cuerdas y las teorías del Todo o Final.

Entre los de esta tanda, Steven Weinberg (“El sueño de una teoría final”) y Sheldon L. Glashow (“El encanto de la física”).




Soy bastante impaciente y, al igual que los niños hacen con sus juguetes nuevos, no puedo esperar para abrir los libros y "jugar" con todos a la vez. No puedo decidirme por empezar uno y relegar el resto: los comienzo todos y los hojeo. El que más me cautiva en esa cata, será el primero en ser leído. En esta ocasión, ambos me gustaron lo suficiente como para compaginar su lectura.

Y ha sido una bendición. Porque ambos son complementarios. Resultaba casi mágico pensar que, a kilómetros de distancia, años después de haber sido escritos ambos, alguien estaba leyendo a la vez dos libros que tenían unos orígenes muy semejantes.

Y es que no solo ambos tienen temas comunes (avances recientes en la física de partículas) sino que los autores nacieron ambos en Nueva York, acudieron al mismo Instituto, estudiaron ambos física y los dos ganaron el Nobel en esta especialidad. Y, a pesar de todo esto, los dos pertenecen a corrientes absolutamente opuestas de la física actual.

Weinberg defiende la “realidad” de la teoría física, la capacidad de la teoría de describir el mundo, aún más allá de demostraciones experimentales, la capacidad del razonamiento teórico-matemático para comprender el origen y funcionamiento del universo incluso adelantándose a lo que los exprimentos puedan confirmar. Glashow, pr el contrario, niega todo contenido teórico que no esté soportado por pruebas experimentales.

Weinberg defiende que la “belleza” de las teorías físicas (en cuanto que deben ser lo más simples e inevitables posibles) es en parte una prueba de su bondad o certeza. El trabajo matemático sobre una determinada teoría puede tener el mismo valor de prueba que la experimentación si ésta no es posible y la prueba matemática es simple, inevitable, “bella”.

La posición de Glashow se encuadra más en el positivismo, necesita la prueba experimental para asumir la verdad de la teoría. Y citar la corriente filosófica del positivismo no es un capricho.



El propio Weinberg la analiza en su libro y nos da una lección no sólo de física, sino de filosofía y sociología de la ciencia. Su capítulo “Contra la filosofía“ es espectacular por su capacidad para derrotar en su campo a filósofos y sociólogos jugando en su terreno y con sus armas: maneja una amplia bibliografía, conoce en profundidad las teorías en estos campos y los rebate convincentemente.

Es hermoso comprobar como el trabajo y los escritos de estos físicos transmiten realmente conocimientos y pasión. Teorías que se acercan a verdades fundamentales, a explicaciones últimas (última en la forma en que explica la última razón por la que una tiza es blanca: no os perdáis ese capítulo) al tiempo que abandona, desprecia lo proveniente de una filosofía o sociología convertidas hoy en meras imposturas, en palabrería hueca, en géneros literarios sin interés (¿Hay que citar otra vez a Sokal y su denuncia de las imposturas de la sociología y los escritos de la “postmodernidad”?).

En resumen, un par de libros de lectura más que recomendable, aunque me siento más cercano a Weinberg y su calidad tanto desde el punto de vista de la capacidad de divulgación como de la amplitud de tremas tratados es muy superior a Glashow . Éste, desde mi punto de vista, escribe mucho peor, desarrolla de forma más limitada los temas y su libro es muy redundante pues a medida que avanza se repite y pierde interés. En mi caso, encontré en él atractivos sobre todos derivados de su contraposición al de Weinberg y de ver como las posturas de uno y otro se enfrentaban.

Lo único lamentable con cada una de estas lecturas es revivir el error de haberme decidido por las ramas de “letras” que ahora me impide disfrutar con mayor conocimiento y profundidad de la belleza de estas teorías.

22 agosto 2006

La discreción

Un valor asociado con el silencio, sin duda, es la discreción. Y un síntoma de que vivimos en una sociedad que desprecia el silencio y lo relega a algo marginal es que esa misma sociedad valora también cualquier comportamiento excéntrico o notorio por encima de la discreción.

En un momento en el que se cultiva el frikismo y donde la gracia, el cotilleo, el exabrupto o la ocurrencia son mejor valorados que la reflexión o el pensamiento, no participar, ocultarse, es la mejor forma de sobrevivir impoluto ante la marea negra de la vulgaridad.

Hoy es noticia que el matemático ruso Perelman rechaza la medalla Fields por sus avances en la resolución de la conjetura de Poincaré. El rechazo ha sido recibido en algunos medios como muestra de la personalidad antisocial del personaje. Pero lo cierto es que, para mí, es una muestra clara de una personalidad discreta: no querer aparecer donde no es imprescindible que aparezca. Él mismo lo justifica: “Ya sé que la autopromoción es algo corriente y si la gente quiere hacerla pues muy bien, pero no creo que sea positiva. "Si alguien está interesado en mi forma de resolver el problema, está todo ahí, que vayan y lo lean. He publicado todos mis cálculos, es lo que puedo ofrecer al público”.

Un ejemplo que, los periódicos más rancios se han apresurado a interpretar como un desplante a España, pías anfitrión del congreso de matemáticos. Qué pena dan estos opinadores.

Mientras, no hay más que asomarse a la calle o encender el televisor para ver como todos reclaman ser vistos, ser atendidos, ser protagonistas. !Ojalá pronto lo sean de su entierro!

Cafeterías madrileñas: La anti-excelencia

No le pido mucho al día cuando acabo de levantarme. Me suelo contentar con muy poco. A veces, hasta la visión del amanecer en la ciudad desde el atasco de la M30 me parece hermosa (¡y ya hay que ser optimista!). Pero algo que me resulta casi imprescindible es poder disfrutar de una taza de café y hojear al menos (ya se leerá más tarde) la prensa con cierta tranquilidad. Si esto va bien, probablemente lo demás ya es más fácil afrontarlo. No me parece pedir demasiado.

Pero sí lo es. Es demasiado, mucho más de lo que el desagradable gremio de hosteleros madrileños puede ofrecer. Y se empeñará, incluso, en hacérnoslo imposible.

Empiezo el día, por tanto, con la búsqueda de un lugar donde desayunar sin que una música estridente y no solicitada te acompañe. La búsqueda ha sido hoy, un día más, infructuosa. Y eso que creo haber explorado ya todos los bares y cafeterías de varios kilómetros a la redonda. Definitivamente, un poco de tranquilidad y los bares de Madrid (y de casi toda España) son incompatibles.

No puedo entender esa costumbre que se ha instalado en todo el gremio de la hostelería por la cual la televisión o la radio (¡¡o ambos a la vez!!) deben de estar siempre encendidos, aunque nadie lo solicite o les preste atención. Y lo peor es que suelen estar siempre mal ecualizados, sobrecargados de graves que retumban y molestan hasta llegar a “sentirse”, más que a “oirse”.

Pero claro, no vamos a pedir que tengan un oído sensible a quienes lo tienen machacado por la permanente exposición a ruidos, pseudomúsicas y pachangas. Y probablemente se han perforado el tímpano en algún movimiento accidental del palillo eternamente colgante en su boca (si la función crea el órgano, los camareros de Madrid acabarán siendo mutantes con una lengua bífida, una de cuyas terminaciones tendrá forma de palillo)

Lo malo es imaginar como serán los próximos años, cuando toda una generación crecida en el barullo llegue a la edad adulta sin sensibilidad auditiva.

Esta queja sobre los ruidosos bares madrileños me hace detenerme en enumerar otra serie de defectos y carencias que se van instalando en los que en otros tiempos fueron un ejemplo de servicio. Un breve repaso de sus males muestra que:
1) además del agobiante nivel de ruidos ya citado
2) se ha ido generalizando un café infame, penoso
3) un servicio cada día peor derivado de que los patronos intentan obtener cada vez mayor beneficio, por lo que pagan menos cada vez a sus trabajadores y esto hace que la mayoría de los camareros sean en la actualidad inmigrantes o estudiantes mal pagados, descontentos y sin experiencia.
4) Y, ya lo último que podíamos esperarnos, que ni una tortilla de patatas sean capaces de hacer con un mínimo de calidad. Lo más normal ahora es encontrarse con unas patatas apenas cocidas (debe de ser que freírlas les lleva demasiado tiempo) y mucho huevo (que debe de resultar más barato que las patatas) por lo que estamos llegando a la invención de la tortilla francesa de patatas. O quizás sea el último intento de estrechar lazos con nuestros vecinos: la “tortilla hispano-francesa”.

¿Porqué en las ciudades del Norte de España sí es posible encontrar cafeterías decentes uy en Madrid es imposible? En Coruña, Santiago, Ourense, Oviedo, Bilbao, San Sebastián… Casi en cualquier esquina de estas ciudades permanecen locales donde puedes sentarte y sentirte a gusto, con un excelente café, denso, con la leche caliente y levantada en espuma. Pero en la capital del Reino, imposible.

Esa idílica imagen que todos tenemos de los parroquianos de cafés parisinos resulta inimaginable en esta dolorosa ciudad, donde el dueño del bar de la esquina te recibe entre gritos, te sirve un café que recuerda a los tiempos de la escasez y la achicoria (¿tan caro les sale el café? ¡Si te lo cobran a más de un euro!) mientras te martirizan a las 7 de la mañana con los 40 principales a todo volumen. No está claro si me he equivocado y he entrado en un after hours o bien es el dueño el que todavía sigue de farra. Y aun nos queda hablar sobre el nivel de higiene de los patrones de estos garitos (ese palillo citado en los dientes, ese pelo grasiento, esas uñaaas…).

Y no es solo un problema de los dueños de los bares. Claramente tampoco los clientes ayudan a mejorarlos: esos parroquianos que a gritos solucionan todos los problemas del mundo (especialmente los del Real Madrid) mientras tiran papeles, colillas y restos al suelo, se hurgan la oreja con el meñique y se meten al cuerpo unas copichuelas de anís, aguardiente o coñac. ¿Será esto el desayuno de la dieta mediterránea?. Definitivamente todos siguen la juerga nocturna y se han equivocado de afterhours.

Por eso al final, en el país con más bares de la UE resulta casi imposible encontrar algo decente. Últimamente las opciones que van quedando como garantías de buen servicio van siendo exclusivamente las cafeterías de los mejores hoteles, como ya he comentado en algún post previo. Mejor, de cuatro estrellas para arriba. Ahí todavía es posible disfrutar de lo que uno entiende por un servicio decente, sin molestias, ruidos ni baja calidad (salvo en el café, aquí también suele ser solemnemente malo). A esto nos hemos visto limitados: a tener que pagar un sobreprecio excesivo si uno quiere tener un servicio y una tranquilidad que empiezan a resultar utópicas en cualquier otro establecimiento. Y si no, quedarse en casa.

Aunque siempre podeis encontrar versiones un poco más optimistas que también encuentan cosas positivas. Me gustaría poder compartir la opinión del siguiente blog. Como no puedo, comparto el enlace:
http://cerdoagridulce.blogspot.com/2006/06/esta-maldita-y-maravillosa-ciudad-que.html

19 agosto 2006

Restaurante Vietnam

He comido en el restaurante Vietnam (Velázquez 87; http://www.duendemad.com/goout/Vietnam.html). Tienen, increíblemente, puesto Europa FM. ¿Qué pensarán que aporta Europa Fm a un tranquilo restaurante Oriental? Les pido que lo bajen y ¡¡lo hacen!! Apenas se oye ahora.



Sólo otras dos mesas ocupadas. Una termina ahora y se va. Caray, menos gente y empezaré a estar incómodo... Comida de sabores amplios aunque un poco cargada de cilantro. No me voy a quejar porque me encanta ese sabor. Servicio amable, atento: conversador, sin agobiar, el occidental que hace de jefe de sala; silencioso pero de permanente y cautivadora sonrisa las hermosas orientales que no entienden casi nada de lo que les pido. Solo me sonríen. Yo estoy también de buen humor y, además, algunas páginas del libro de Richard Feynman que acabo de comprar hacen que no pueda contener la sonrisa. Supongo que les cae bien o les hace gracia alguien que entra a comer solo, sonríe mientras lee y, ante la dificultad de que entiendan casi nada de lo que les pido, les sonríe también.

Al terminar la comida, con un café, ojeo el articulo de hoy de Lobo Antunes. De entre los muchos agradecimientos que debo a El Pais, uno de los mayores es el descubrimiento de este autor. Su escritura goza de una poética que pocas narrativas alcanzan. Toda su escritura es un viaje interior. Apenas hay narración o hechos. Y no dejo de pensar que nadie puede describir así las emociones, los sentimientos sino es un psiquiatra con alma de poeta, como le ocurre a este autor.

P.S. Ha muerto Hilario Camacho. La única forma de evitar las muertes definitivas es mantener el recuerdo de los muertos. Pongo una vieja cinta suya. Hace probablemente más de diez años que no la oigo, pero sigue funcionando (el casete, no tanto los temas). Podría decir que, para mí, hoy Hilario Camacho está más vivo que ayer. Aunque haya muerto. Que raro suena ahora oírle “a pesar del tiempo/ al lugar del amor / siempre volveremos / sin decir adiós” . Un poco blando. Y no; no volverá.

18 agosto 2006

Recomendacion musical: tuxedomoon










Descubrí la música de Tuxedomoon hace poco más de 20 años. Creo que fue en uno de aquellos míticos programas de Paloma Chamorro, donde actuaba el grupo (solo lo creo, mi memoria no es muy buena y puede haber sido en otro programa). Tengo la imagen de un grupo vestido de negro y blanco, mezclando instrumentos electrónicos con otros más clásicos: vientos y cuerdas. Música hipnótica, deshumanizada, que transmitía las emociones frías que, vistas desde ahora, parecían sintomáticas de un momento de cambio total (el fin de la era plenamente analógica).

Durante algún tiempo no tuve más referencias suyas que ese breve momento hasta que una mañana de domingo, paseando por el rastro de Madrid, uno de los vendedores piratas de cintas de música me ofreció una grabación del grupo.

Como veis, la música pirata ya existía entonces. Pero se grababa sobre cintas de cassette y, si el pirata era “enrollao” y de calidad, las cintas eran de marca tdk. Incluso se admitían encargos de pirateo en algunos anuncios que publicaba segundamano.
(Digresión: La maldita SGAE no estaba tan cargante con sus impuestos por la compra de soportes grabables. La verdad es que cada vez estoy más a favor del pirateo musical: me obligan a escuchar música en cualquier local, bar, tienda, gimnasio, centro comercial, medio de transporte o tanatorio del mundo. Me imponen una música quiera o no. Y no me piden un duro. Pero si yo elijo escuchar lo que me apetece o hacerme una copia más del último cd que me haya comprado, entonces sí se preocupan por que pague. Porque la música, dicen, no es gratis, por los derechos de los autores y no sé cuantas excusas más. Cuando ellos respeten mi derecho a no oírles, yo respetaré su derecho a enriquecerse… Mientras, ya hay demasiada música en el mundo y por mí, como si no prospera ni sobrevive de su “arte” ningún otro músico en los próximos mil años.)






Vuelvo a Tuxedomoon, aunque después de escrito lo anterior, no puedo más que empezar diciendo que me gustan mucho pero que si no los hubiera conocido, no hubiera pasado nada: otros hubieran llenado su hueco., En todo caso, no son de los que imponen su escucha en cualquier rincón quieras o no. A los buenos grupos hay que buscarlos, pero Christina Aguilera te asaltará en cualquier esquina (musicalmente).

El caso es que durante algún tiempo no encontré más discos suyos en las tiendas habituales.

Pero era asiduo de algunos fanzines especializados en música electrónica y alternativa. Uno de ellos era Rotor. Por él conocí a algunos de los grupos que más me han gustado. Y a través de él conseguí encargar algunos discos más del grupo (Desire, Holy Wars, Ship of fools…) . Ninguno de ellos me decepciono, al contrario, me gustaban más cada vez que los oía y contenían algunos de los temas que más han girado en mi tocadiscos (esto suena a pleistoceno: discos de vinilo y tocadiscos. ¡Y hace apenas diez años!)

Lo cierto es que no eran fáciles de seguir ni de conseguir y yo empezaba a estar menos al tanto de novedades y ya no seguía los fanzines como antes.

No me preocupé mucho más en conseguir noticias de ellos hasta que volvieron a aparecer hace unos meses en Madrid. Me sorprendió saber de ellos, ver que seguían activos y publicando. Si no fuera por lo desagradables que son los conciertos hubiera ido a verles (masas coreando o tarareando las canciones que quieres oír sólo a tu grupo, como si hubieras pagado por escuchar a la tuna en lugar de al grupo protagonista; ambientes incómodos y música y sonoridad siempre peores que en estudio).

El caso es que os adjunto unos enlaces y mi más sincera recomendación de que los escucheis.

www.tuxedomoon.com
www.tuxedomoon.org
http://www.legalsounds.com/download-mp3/tuxedomoon/artist_87

17 agosto 2006

Recomendaciones para un viaje de fin de semana a Compostela

Si llegáis al hotel antes de que anochezca y está cerca del centro, lo mejor es empaparse (literalmente: seguro que llueve) de Santiago nada más llegar.

Salid a dar un paseo desde el comienzo de la calle de El Franco (en la punta de la Alameda) hasta la Plaza del Obradoiro. Esta es la famosa (seguro que ya habeis oído hablar de ella) ruta Paris - Dakar: comienza en un bar llamado París y termina en otro llamado Dakar. Entre ambos, decenas de bares en apenas unos centenares de metros. Todo novato universitario debe hacer la ruta con todas las etapas invitando a los veteranos. Paralela al Franco, La Raíña, también llena de bares para tapear.

Al llegar a la Plaza del Obradoiro, conviene pasear en silencio y soledad bajo una lluvia calma y, desde el centro, mirar a todos los lados y comprobar que es cierto lo que dijo Bofill (padre, por supuesto): es una de las más hermosas plazas del mundo: Palacio de Raxoy, Rectorado, Hostal de los Reyes Católicos, Palacio de Xelmirez y Catedral no dejan un hueco que no sea admirable. Desde algún rincón (seguramente de los bajos del palacio de Xelmirez, o de los soportales del palacio de Raxoi (Casa consistorial) sonará alguna gaita o, en días más cosmopolitas, saxo o violín. No os dejéis avasallar por los tunos: os asaltarán "jóvenes" de casi cuarenta años que se quedaron colgados de su tiempo universitario e intentarán, disfrazados de tuno, que subvenciones su eterna juventud comprándoles cassettes de la tuna.



Tras esto, y si aún os da tiempo, dad una vuelta en torno a la Catedral, subiendo por el callejón del Palacio de Xelmirez, junto a la fachada de San Martín Pinario y rodeando toda la catedral hasta llegar a la Quintana dos Mortos. Vista desde arriba y de noche es cuando resulta más bonita. De ahí bajas a la Quintana dos Vivos, la Platería y llegas de nuevo al Obradoiro.

Si os apetece comer algo, bajad el Enxebre. No es de gran calidad ni para hartarse, pero se puede picar algo con un buen vino en los bajos del Hostal (Parador), y es, estéticamente bastante agradable.

Si os habéis quedado con hambre, entrad en cualquier café y pedid alguna tarta. Tanto el café como la bollería son excelentes en Santiago. Podéis volver a la Quintana y visitar la cafetería que está el parte alta de las escaleras. Y si aún os queda marcha, muy cerca de ésta está "A casa das crechas", un lugar de reunión de jóvenes con marcha folklórica: suele haber buenas actuaciones, buena cerveza y un montón de gente. Y cerca de éste, el Modus Vivendi: dicen que fue el primer pub de Galicia y, desde luego, debe estar en el local más antiguo: los bajos de un edifico medieval. Y a dormir, que el sábado hay que aprovecharlo.

Lo mejor, intentar levantarse temprano y dar un paseo hasta la plaza de abastos (el mercado) y empaparse de olores y visiones: podrás encontrar una variedad de tipos notables, y casi todos étnicamente puros: auténtica Galicia profunda. Destacan los puestos de quesos, mariscos, pescados y flores.



Dejad la zona típica para la tarde: a estas horas todo el mundo visita la plaza y la catedral. Id hasta el CGAC y el parque que lo rodea. Es un pareque maravilloso diseñado por el arquitecto Álvaro Siza y la paisajista Isabel Aguirre sobre el antiguo cementerio y complementando el museo del propio Siza. Es espectaculra si se pasea de noche entre los antiguos nichos. Y en verano, en ocasiones, se representan obras de teatro en un ambiente,, como podeis imaginar, sobrecogedor. En el museo suele haber exposiciones interesantes, aunque el edificio esta envejeciendo y deteriorándose más rapidamente d elo que cabría esperar (es interesante leer el artículo de Oscar Tusquets sobre este aspecto en su libro "Dios lo ve"). Si aún es pronto, volved hasta el centro dando un paseo por el mercado hasta la zona vieja (bueno, decir vieja en Santiago no aclara mucho: al Obradoiro) perdiéndoos entre las callejuelas. Apenas está a 300 o 400 metros el mercado del CGAC.



Tras visitar esta zona, quizás se acerce la hora de comer. Primero, en cualquier bar pedid un vinito y una tapa de queso o pulpo, para abrir boca. Después, acercaos a “O 16” (en el número 16 de la calle que está enfrente del CGAC y el Monasterio de San Domingos de Bonaval). Aqui la comida es buena y el vino mejor: pedios un albariño, cachelos, pulpo, croquetas...A mi, en particluar, lo único que no me gustaba mucho era la empanada, pero es que la de Ourense es insuperable y cualquier otra pierde en comparación. En todo caso, si pedís empanada, que sea de bacalao, vieiras, berberechos. Las de carne son las menos jugosas y las de bonito se inventaron en Madrid: en Galicia no solía haber o las han puesto para satisfacer a los no gallegos

Toca una sobremesa relajada, de nuevo nos acercamos a la parte vieja y, tras café y bollo (por ejemplo, en el Derby (el café al que acudía Valle Inclán, Plaza de Galicia) ahora sí, visitad de día la zona vieja, la plaza del Obradoiro y ya, por dentro, la catedral. Dependiendo de cuanto os guste el arte y cuanto os queráis cansar, esta visita pueda dar para una hora o para toda la tarde.

Lo mejor es salir cuando uno se canse de visita cultural e ir ya directo a la zona de vinos de la parte vieja para empezar a tapear al tiempo que entre bar y bar o terraza y terraza se pasea uno toda la zona vieja. Casi por cualquier sitio que camineis encontraréis rincones agradables: Santiago es una ciudad para pasear a pie tranquilamente, aunque llueva. Podéis deteneros a tomar fuerzas casi en cualquier bar: O Gato Negro, para pedir unos berberechos, el bar Coruña, si preferís un bocadillo calentito,... Cualquiera es idóneo para tomarse un vino y una tapa. Por cierto, lo típico es pedir una "cunca" (taza) de vino (nunca ribeiro -salvo el Viña Costeira-; mejor albariño, o incluso un tinto de Amandi) Ahora abundan también los locales un poco más "glamourosos" y "elitistas" donde tomar buenos vinos y raciones un poco más escasas pero mejor presentadas. Se detectan fácilmente por su estética entre postmoderna y tradicional. Hay que probar de todo. Suelen estar en las calles cercanas a la catedral

Tras haber picado-cenado, copitas nocturnas: Santiago dispone de dos tipos de habitantes: estudiantes y funcionarios: los estudiantes salen entre semana y, especialmente, el jueves, así que veréis solo algunos restos. Los funcionarios sí salen los fines de semana. La zona de salida es la de los alrededores de la "Praza Roxa". Pero antes de ir allí, conviene conocer (si no se ha ido el viernes) el Momo: caipirinhas y mojitos, decoración y jardines, que son (o al menos eran) espectaculares para un bar. Ya en la zona de la "Praza Roxa" hay decenas de garitos donde tomar unas copas, picar algo, escuchar musica. Es una zona más urbana y moderna que el casco viejo y con garitos menos "folk" y rancios. Antes estaba bien el Café del Bolengo, un pequeño pub, tranquilo, con buena música y buenas bebidas. Si aguantáis toda la noche, lo tradicional es terminar en la discoteca del Araguaney (el mejor hotel de la zona, en el centro) cansado de bailar para, luego, desayunar en alguno de los bares o cafeterías de la zona pollo asado o spaguettis (es el desayuno típico allí de los noctámbulos: en muchos casos hay que ir después a la Facultad y hay que tomar fuerzas).

Tras dormir un rato, comienza el último día. Como es domingo, paseíto matutino por la Alameda (foto con las dos Marías: dos hermanas que paseaban a diario por este parque y merecieron un monumento: murieron hace unos años, primero una en Santiago y después la segunda, en una residencia en Coruña donde dicen que enloqueció por no ver la Alameda) y los jardines de la Universidad. Tras el paseo y haber hecho un poco de hambre, uno puede acercarse al Quijote, en la calle Galeras, a tomar algo. O a un garito con una reproducción de un molino en funcionamiento justo a un lado de la Alameda (creo que Calle Xoan Carlos I, con unos quesos exquisitos y un ambiente que te traslada a alguna aldea en el campo). O volver a la zona de vinos y pasar por el Suso: si Suso está inspirado (y aún vive) su charla merece el viaje: pocos conocen más cosas sobre las peregrinaciones a Santiago. Es un bareto pequeño y cutre, pero un clásico. Antes tenían buenos buñuelos.

Y para despedirse con buen sabor de boca: Toñi Vicente (lujo total), o el Vilas (probable encontrarse con Fraga). O, como no, el Parador, siempre garantizado. Más económicos, los locales e la calle de O Franco, suelen ser de calidad media y se puede encontrar buen marisco. Además, como la competencia es bestial, los precios no son excesivos. Creo recordar que el 42 ó el 46 estaban bien (se llaman como el número del portal; el que digo es uno con terrazita al fondo.)

Otras cosas: hay un montón de sitios donde venden cosillas y recuerdos para los turistas: no merecen la pena: os recomiendo algún queso en la plaza de abastos, o algún Albariño en cualquier tienda. Pero, en realidad, no encontraréis nada que no tengáis ya en El Corte Inglés, salvo algunas camisetas en gallego con juegos de palabra que los no gallegos no captarán.

Si quereis dar algún paseo más, acercaos, por detrás del Hostal y la Avenida de Xoan XXIII, al parque del Auditorio de la Música: un lugar tranquilo, verde, donde pasear entre nativos (pocos turistas llegan hasta aquí: ideal para una mañana de domingo soleada.

También en los alrededores, no demasiado lejos pero como para pensarse llamar un taxi, merece la pena ver la Colegiata del Sar y la zona del antiguo seminario. La colegiata se construyó de forma un tanto deficiente y un pequeño terremoto lo puso bien de manifiesto: hoy, todas sus columnas están peligrosamente inclinadas, lo que da a su nave un aspecto realmente extraño. Aparte de eso, es un buen ejemplar de románico gallego.

También es digno de visita, en caso de tener tiempo, en los alrededores (mejor con taxi) el Monasterio de Conxo: solo lo puedes ver por fuera porque ahora es un psiquiátrico. Justo enfrente hay o había una tabernilla donde te puedes poner morado a pulpo, cachelos, empanada, queso, "vitela" (carne cocida, con pimentón) y "zorza" (picadillo de chorizo) o "raxo" (una especie de chicharrones rallados). Lo mejor es que las mesas son grandes bancos corridos, donde te sentabas al lado de la gente que, en la mayoría de los casos, son los enfermos del psiquiátrico y sus familias de visita: espectacular. Y si sales a caminar para bajar la comida, te encuentras, casi pared con pared al lado del psiquiátrico, la fábrica de Televés (las antenas de satélite) que, curiosamente, tiene en un lado un pequeño corral con gallinas: ni Macondo supera este realismo mágico.

Una recomendación, dejaos llevar por vuestros pies: se suele llegar siempre a algún lugar medio perdido, un trozo de rural en la ciudad imprevisible y encantador.

Todas estas informaciones tienen una antigüedad de años: no se garantiza la continuidad de los locales, las direcciones ni el mantenimiento de la calidad o aforo previamente conocido: cualquier tiempo pasado fue mejor.