17 agosto 2006

Recomendaciones para un viaje de fin de semana a Compostela

Si llegáis al hotel antes de que anochezca y está cerca del centro, lo mejor es empaparse (literalmente: seguro que llueve) de Santiago nada más llegar.

Salid a dar un paseo desde el comienzo de la calle de El Franco (en la punta de la Alameda) hasta la Plaza del Obradoiro. Esta es la famosa (seguro que ya habeis oído hablar de ella) ruta Paris - Dakar: comienza en un bar llamado París y termina en otro llamado Dakar. Entre ambos, decenas de bares en apenas unos centenares de metros. Todo novato universitario debe hacer la ruta con todas las etapas invitando a los veteranos. Paralela al Franco, La Raíña, también llena de bares para tapear.

Al llegar a la Plaza del Obradoiro, conviene pasear en silencio y soledad bajo una lluvia calma y, desde el centro, mirar a todos los lados y comprobar que es cierto lo que dijo Bofill (padre, por supuesto): es una de las más hermosas plazas del mundo: Palacio de Raxoy, Rectorado, Hostal de los Reyes Católicos, Palacio de Xelmirez y Catedral no dejan un hueco que no sea admirable. Desde algún rincón (seguramente de los bajos del palacio de Xelmirez, o de los soportales del palacio de Raxoi (Casa consistorial) sonará alguna gaita o, en días más cosmopolitas, saxo o violín. No os dejéis avasallar por los tunos: os asaltarán "jóvenes" de casi cuarenta años que se quedaron colgados de su tiempo universitario e intentarán, disfrazados de tuno, que subvenciones su eterna juventud comprándoles cassettes de la tuna.



Tras esto, y si aún os da tiempo, dad una vuelta en torno a la Catedral, subiendo por el callejón del Palacio de Xelmirez, junto a la fachada de San Martín Pinario y rodeando toda la catedral hasta llegar a la Quintana dos Mortos. Vista desde arriba y de noche es cuando resulta más bonita. De ahí bajas a la Quintana dos Vivos, la Platería y llegas de nuevo al Obradoiro.

Si os apetece comer algo, bajad el Enxebre. No es de gran calidad ni para hartarse, pero se puede picar algo con un buen vino en los bajos del Hostal (Parador), y es, estéticamente bastante agradable.

Si os habéis quedado con hambre, entrad en cualquier café y pedid alguna tarta. Tanto el café como la bollería son excelentes en Santiago. Podéis volver a la Quintana y visitar la cafetería que está el parte alta de las escaleras. Y si aún os queda marcha, muy cerca de ésta está "A casa das crechas", un lugar de reunión de jóvenes con marcha folklórica: suele haber buenas actuaciones, buena cerveza y un montón de gente. Y cerca de éste, el Modus Vivendi: dicen que fue el primer pub de Galicia y, desde luego, debe estar en el local más antiguo: los bajos de un edifico medieval. Y a dormir, que el sábado hay que aprovecharlo.

Lo mejor, intentar levantarse temprano y dar un paseo hasta la plaza de abastos (el mercado) y empaparse de olores y visiones: podrás encontrar una variedad de tipos notables, y casi todos étnicamente puros: auténtica Galicia profunda. Destacan los puestos de quesos, mariscos, pescados y flores.



Dejad la zona típica para la tarde: a estas horas todo el mundo visita la plaza y la catedral. Id hasta el CGAC y el parque que lo rodea. Es un pareque maravilloso diseñado por el arquitecto Álvaro Siza y la paisajista Isabel Aguirre sobre el antiguo cementerio y complementando el museo del propio Siza. Es espectaculra si se pasea de noche entre los antiguos nichos. Y en verano, en ocasiones, se representan obras de teatro en un ambiente,, como podeis imaginar, sobrecogedor. En el museo suele haber exposiciones interesantes, aunque el edificio esta envejeciendo y deteriorándose más rapidamente d elo que cabría esperar (es interesante leer el artículo de Oscar Tusquets sobre este aspecto en su libro "Dios lo ve"). Si aún es pronto, volved hasta el centro dando un paseo por el mercado hasta la zona vieja (bueno, decir vieja en Santiago no aclara mucho: al Obradoiro) perdiéndoos entre las callejuelas. Apenas está a 300 o 400 metros el mercado del CGAC.



Tras visitar esta zona, quizás se acerce la hora de comer. Primero, en cualquier bar pedid un vinito y una tapa de queso o pulpo, para abrir boca. Después, acercaos a “O 16” (en el número 16 de la calle que está enfrente del CGAC y el Monasterio de San Domingos de Bonaval). Aqui la comida es buena y el vino mejor: pedios un albariño, cachelos, pulpo, croquetas...A mi, en particluar, lo único que no me gustaba mucho era la empanada, pero es que la de Ourense es insuperable y cualquier otra pierde en comparación. En todo caso, si pedís empanada, que sea de bacalao, vieiras, berberechos. Las de carne son las menos jugosas y las de bonito se inventaron en Madrid: en Galicia no solía haber o las han puesto para satisfacer a los no gallegos

Toca una sobremesa relajada, de nuevo nos acercamos a la parte vieja y, tras café y bollo (por ejemplo, en el Derby (el café al que acudía Valle Inclán, Plaza de Galicia) ahora sí, visitad de día la zona vieja, la plaza del Obradoiro y ya, por dentro, la catedral. Dependiendo de cuanto os guste el arte y cuanto os queráis cansar, esta visita pueda dar para una hora o para toda la tarde.

Lo mejor es salir cuando uno se canse de visita cultural e ir ya directo a la zona de vinos de la parte vieja para empezar a tapear al tiempo que entre bar y bar o terraza y terraza se pasea uno toda la zona vieja. Casi por cualquier sitio que camineis encontraréis rincones agradables: Santiago es una ciudad para pasear a pie tranquilamente, aunque llueva. Podéis deteneros a tomar fuerzas casi en cualquier bar: O Gato Negro, para pedir unos berberechos, el bar Coruña, si preferís un bocadillo calentito,... Cualquiera es idóneo para tomarse un vino y una tapa. Por cierto, lo típico es pedir una "cunca" (taza) de vino (nunca ribeiro -salvo el Viña Costeira-; mejor albariño, o incluso un tinto de Amandi) Ahora abundan también los locales un poco más "glamourosos" y "elitistas" donde tomar buenos vinos y raciones un poco más escasas pero mejor presentadas. Se detectan fácilmente por su estética entre postmoderna y tradicional. Hay que probar de todo. Suelen estar en las calles cercanas a la catedral

Tras haber picado-cenado, copitas nocturnas: Santiago dispone de dos tipos de habitantes: estudiantes y funcionarios: los estudiantes salen entre semana y, especialmente, el jueves, así que veréis solo algunos restos. Los funcionarios sí salen los fines de semana. La zona de salida es la de los alrededores de la "Praza Roxa". Pero antes de ir allí, conviene conocer (si no se ha ido el viernes) el Momo: caipirinhas y mojitos, decoración y jardines, que son (o al menos eran) espectaculares para un bar. Ya en la zona de la "Praza Roxa" hay decenas de garitos donde tomar unas copas, picar algo, escuchar musica. Es una zona más urbana y moderna que el casco viejo y con garitos menos "folk" y rancios. Antes estaba bien el Café del Bolengo, un pequeño pub, tranquilo, con buena música y buenas bebidas. Si aguantáis toda la noche, lo tradicional es terminar en la discoteca del Araguaney (el mejor hotel de la zona, en el centro) cansado de bailar para, luego, desayunar en alguno de los bares o cafeterías de la zona pollo asado o spaguettis (es el desayuno típico allí de los noctámbulos: en muchos casos hay que ir después a la Facultad y hay que tomar fuerzas).

Tras dormir un rato, comienza el último día. Como es domingo, paseíto matutino por la Alameda (foto con las dos Marías: dos hermanas que paseaban a diario por este parque y merecieron un monumento: murieron hace unos años, primero una en Santiago y después la segunda, en una residencia en Coruña donde dicen que enloqueció por no ver la Alameda) y los jardines de la Universidad. Tras el paseo y haber hecho un poco de hambre, uno puede acercarse al Quijote, en la calle Galeras, a tomar algo. O a un garito con una reproducción de un molino en funcionamiento justo a un lado de la Alameda (creo que Calle Xoan Carlos I, con unos quesos exquisitos y un ambiente que te traslada a alguna aldea en el campo). O volver a la zona de vinos y pasar por el Suso: si Suso está inspirado (y aún vive) su charla merece el viaje: pocos conocen más cosas sobre las peregrinaciones a Santiago. Es un bareto pequeño y cutre, pero un clásico. Antes tenían buenos buñuelos.

Y para despedirse con buen sabor de boca: Toñi Vicente (lujo total), o el Vilas (probable encontrarse con Fraga). O, como no, el Parador, siempre garantizado. Más económicos, los locales e la calle de O Franco, suelen ser de calidad media y se puede encontrar buen marisco. Además, como la competencia es bestial, los precios no son excesivos. Creo recordar que el 42 ó el 46 estaban bien (se llaman como el número del portal; el que digo es uno con terrazita al fondo.)

Otras cosas: hay un montón de sitios donde venden cosillas y recuerdos para los turistas: no merecen la pena: os recomiendo algún queso en la plaza de abastos, o algún Albariño en cualquier tienda. Pero, en realidad, no encontraréis nada que no tengáis ya en El Corte Inglés, salvo algunas camisetas en gallego con juegos de palabra que los no gallegos no captarán.

Si quereis dar algún paseo más, acercaos, por detrás del Hostal y la Avenida de Xoan XXIII, al parque del Auditorio de la Música: un lugar tranquilo, verde, donde pasear entre nativos (pocos turistas llegan hasta aquí: ideal para una mañana de domingo soleada.

También en los alrededores, no demasiado lejos pero como para pensarse llamar un taxi, merece la pena ver la Colegiata del Sar y la zona del antiguo seminario. La colegiata se construyó de forma un tanto deficiente y un pequeño terremoto lo puso bien de manifiesto: hoy, todas sus columnas están peligrosamente inclinadas, lo que da a su nave un aspecto realmente extraño. Aparte de eso, es un buen ejemplar de románico gallego.

También es digno de visita, en caso de tener tiempo, en los alrededores (mejor con taxi) el Monasterio de Conxo: solo lo puedes ver por fuera porque ahora es un psiquiátrico. Justo enfrente hay o había una tabernilla donde te puedes poner morado a pulpo, cachelos, empanada, queso, "vitela" (carne cocida, con pimentón) y "zorza" (picadillo de chorizo) o "raxo" (una especie de chicharrones rallados). Lo mejor es que las mesas son grandes bancos corridos, donde te sentabas al lado de la gente que, en la mayoría de los casos, son los enfermos del psiquiátrico y sus familias de visita: espectacular. Y si sales a caminar para bajar la comida, te encuentras, casi pared con pared al lado del psiquiátrico, la fábrica de Televés (las antenas de satélite) que, curiosamente, tiene en un lado un pequeño corral con gallinas: ni Macondo supera este realismo mágico.

Una recomendación, dejaos llevar por vuestros pies: se suele llegar siempre a algún lugar medio perdido, un trozo de rural en la ciudad imprevisible y encantador.

Todas estas informaciones tienen una antigüedad de años: no se garantiza la continuidad de los locales, las direcciones ni el mantenimiento de la calidad o aforo previamente conocido: cualquier tiempo pasado fue mejor.

1 comentario:

mioesmio dijo...

Hola!
Quería felicitarte por tu blog. ¡Está lleno de buenas recomendaciones y es muy interesante!
Soy profesora de español en Abingdon, un pueblecito cerca de Oxford (Inglaterra). Les he pedido a mis alumnos que elijan un destino a su gusto y realicen una pequeña representación recomendando qué sitios visitar, etc. Y para introducirles el vocabulario y las expresiones de cómo dar recomendaciones les he entregado una copia de tu recomendación a Santiago de Compastela (con algunas alteraciones mías, para facilitarles la lectura) y ¡les ha encantado!
¡Espero que no te moleste!
Además, llevo tiempo teniendo ganas de ir a visitar Santiago, pero siempre he pensado que ir sólo para un fin de semana no valía la pena, asi que me has animado a por fin ir a visitarlo.
¡Espero que realices muchos más viajes y que los disfrutes!
Un saludo,
Ania